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Ansiedad por separación

La ansiedad por separación en los perros es un estado psicológico caracterizado por una excesiva ansiedad y signos de estrés cuando el animal es separado de la familia o de la persona hacia quien tiene una fuerte relación de apego y dependencia. También pueden presentar ataques de pánico por la ausencia prolongada y la consecuente preocupación de pérdida de dicha figura jerárquica hacia quien se siente especialmente vinculado el perro.

El trastorno de conducta puede aparecer en el cachorro bastante antes de alcanzar la edad adulta, cuando el dueño se marcha del hogar y el perro se queda solo en casa. También puede desencadenarse en situaciones como cambios de horario laboral, o regreso al calendario laboral o académico después de una estancia prolongada donde el jefe de la manada y el perro han pasado mucho tiempo juntos sin separarse. Pese a que los perros -ni prácticamente ninguna especie en los mamíferos- no tienen ni mucho menos tanta dependencia infantil como el hombre, esto es, el periodo de tiempo que pasa desde que una cría es dependiente hasta que el individuo puede valerse por sí mismo para sobrevivir, acentuado en los humanos por condiciones culturales y socio-económicas, el cachorro pasa de un apego total hacia a la madre a su integración en un grupo social, pues los perros son animales gregarios y además necesitan la jerarquía familiar para estar equilibrados.

En sociedades preindustrializadas, los perros han vivido formas de semilibertad manteniéndose próximos a la manada durante la mayor parte del día, a diferencia del confinamiento en viviendas urbanas durante el proceso de gentrificación con horarios más rígidos de ausencia de la familia. Esto hace que muchos perros manifiesten signos de ansiedad al quedarse solos dentro de la casa por largos periodos a los que no estaban acostumbrados, o si la persona por quien sienten especial apego no aparece a la hora en que habitualmente ya ha regresado a casa. Los perros con mayor riesgo de desarrollar ansiedad por separación son aquellos procedentes de centros de recogida, abandonados en la calle, y los que han pasado largo tiempo con una misma persona con quien tenían rutinas establecidas o pasaban mucho tiempo junto a su anterior dueño dentro de la casa al tratarse de una persona mayor o por causas como baja laboral por enfermedad, para cambiar a otra vivienda y quedarse solos repentinamente. También los cachorros que son separados a muy temprana edad, antes de los 3 meses, con destete muy temprano al ser camadas no deseadas, alterando el desarrollo afectivo normal con la madre y sus hermanos. Algunos perros tienen traumas de su etapa de cachorro, indefensión aprendida o excesiva neotenia, conservando actitudes infantiles pese a llegar a la edad adulta.

Generalmente el cachorro se vincula sobre todo a una persona de la familia que será su primera referencia y a su vez es correspondido afectivamente. El perro necesita la estructura jerárquica y seguir a la manada, tanto en los grupos humanos donde el perro tiene una función específica de trabajo más allá de que se aprecie su compañía, como en las sociedades burguesas donde recibe un cariño recíproco como mascota. Los signos de depresión se observan cuando un perro se tumba en zonas no habituales de descanso, se comporta apesadumbrado o retraído, presenta reticencia a dormir o alimentarse si el dueño se prepara para salir de casa y no se lo lleva con él, incluso deambula o trata de evitar su marcha. Al estar separado de la persona con quien tiene un fuerte vínculo de apego y dependencia, el perro se angustia, la sensación de tensión, inquietud, frustración, nervios, pueden hacer que el perro reaccione ante tal situación destruyendo objetos en la vivienda familiar, a veces causando verdaderos estragos contra muebles, paredes, puertas, etc. no sólo mordiendo para descargarse, sino haciendo boquetes.

El perro puede comenzar a llorar desconsoladamente, miccionando o defecando sin ser capaz de contenerse, así como puede ladrar con continuos aullidos durante horas hasta desgañitarse, causando además problemas de convivencia a la familia con el resto del vecindario. Los ladridos en forma de llanto desconsolado son algo completamente instintivo del perro como recuerdo infantil para encontrar al resto de la prole y el grupo social en caso de sentirse perdido. Es importante atender a los signos mencionados cuando el perro se anticipa a la salida del dueño asociando ciertas rutinas con que su salida es inminente, que anteceden a las conductas destructivas por ansiedad, para no confudir el carácter juguetón y potencialmente destructivo de un cachorro que experimenta con curiosidad, al trastorno de ansiedad por separación. Además el trastorno de ansiedad por separación se manifiesta tanto si el dueño se marcha de casa para un recado puntual y está fuera un periodo de tiempo muy corto, como 30 minutos, como si se trata de su jornada laboral y está fuera de casa 8-10 horas.

Cómo tratar el trastorno de ansiedad por separación en perros

El tratamiento de la ansiedad por separación en el perro implica utilizar estrategias para que el perro sea menos sensible a las señales que percibe en la familia o el dueño justo antes de que se marche de casa, para que se acostumbre gradualmente a periodos de ausencia de la persona con quien se siente vinculado durante los cuales estará solo en la vivienda. Normalmente, los perros aprenden a asociar ciertos indicios con ausencias cortas de la familia. Por ejemplo, al ir a visitar a un vecino y sonar su timbre para conversar en el descansillo o rellano, al sacar las bolsas de basura, su perro sabe que usted regresará inmediatamente, y no se siente ansioso porque la espera será muy corta. Esto se puede hacer de manera extremadamente lenta y gradual según la paciencia y dedicación que tenga el dueño, por ejemplo: salir de casa, cerrar la puerta y volver a entrar, sin mimos efusivos, sino actuando con normalidad. Si no hay signos de angustia y ansiedad por la separación aunque el perro vaya a la entrada de la casa, bajar al portal y volver a subir a casa, si el perro tolera este espacio de tiempo, practicar dando un paseo alrededor del bloque residencial y subir en cinco a diez minutos. Cada vez más tiempo hasta lograr ausencias muy prolongadas para acostumbrar al perro a que es normal que se quede solo en casa sin experimentar temor a que la familia no regrese.

Generalmente los perros se excitan repentinamente con la idea de salir a pasear cuando ven que el jefe de la manada realiza una determinada rutina, como coger las llaves, colocarse una prenda concreta o abrir un cajón o armario de la casa donde se guardan también collares, arneses y correas de los perros. Se recomienda ignorar al perro si acude a nosotros para acompañarnos, no premiar su insistencia con atenciones sino sentarnos o hacer alguna tarea doméstica fingiendo estar muy ocupados para atender su demanda. El perro debe aprender a estar separado de la familia y permanecer solo algunos periodos de tiempo sin perder la calma. Si suele ser muy cariñoso y efusivo es mejor evitarlo inicialmente mientras tenga signos de ansiedad. En caso de haber trastorno de conducta manifiesto no incentivar tampoco al perro mimándolo demasiado al regresar a casa, por más que se muestre sumiso y apesadumbrado por haber causado algún daño en la vivienda, o si salta alegremente para recibirnos.

ansiedad por separación perrosPuesto que la relación es jerárquica dentro del grupo, el amo puede decidir que el perro descanse y tenga su comedero fuera del dormitorio, evitando que, por dormir juntos o sentir especial vínculo al espacio de la habitación, el perro se ponga aún más ansioso y estresado, causando destrozos contra el mobiliario. La mejor estrategia para que el perro esté lo más relajado posible y se mantenga tranquilo o tenga deseos de descansar en casa es hacer coincidir un paseo estimulante para el perro, con muchísimo ejercicio físico, antes de que el dueño se marche, por ejemplo previo a salir hacia el trabajo para comenzar la jornada laboral. Si el perro está agotado y ha disfrutado del paseo, tendrá pocas ganas de tomarla con la casa y habrá visto recompensadas sus necesidades afectivas. Cuanto más activo sea un perro y más atlética sea su complexión, mayor necesidad tendrá de desfogarse y hacer ejercicio físico, sobre todo si pertenece a alguna raza canina deportiva o empleada en tareas de apoyo al hombre, como labradores, podencos, bracos, pastores, etc.

Otra estrategia que suele funcionar bien es mantener una zona donde el animal permanece en la casa con alternativas que lo distraigan, juguetes, algo que pueda morder como un hueso e incluso manipular para obtener algún aliciente, como los conos resistentes tipo Kong rellenos de comida o golosinas para perros, de ese modo centrara la mordida en algo que no son muebles ni cables, aparatos electrónicos o documentos dejados en las mesas. Si la familia tiene otras mascotas, ayuda la presencia de otro animal de compañía con quien el perro tenga buena relación de modo que no esté completamente solo. Algunas personas generan una pequeña ficción de acompañamiento, dejando encendida una radio con programas de debate, o algún canal de televisión con sonido constante y moderado, para que el perro escuche voces humanas, incluso ideando cosas más sofisticadas como grabaciones con la propia voz del dueño. Otra buena estrategia es dejar al perro en su cama o zona de descanso una prenda de ropa que huela a usted, con la que haya dormido o que haya transpirado durante el ejercicio físico o el paseo previo, como la prenda del pijama o una camiseta deportiva. Si ha adiestrado a su perro con comandos de voz, órdenes como «sentado», «quieto», «da la patita», sabrá que puede establecer una «seña de seguridad»: una palabra o expresión que le dirá al perro cada vez que salga de la casa para asegurar a su perro que regresará, por ejemplo: «pronto volveré», «pórtate bien».

Si el perro ha demostrado capacidad destructiva, es necesario disminuir su acceso a las diferentes zonas de la vivienda. No se debe encerrar al animal dentro de un transportín o una jaula, como algunas personas optan por hacer debido a la desesperación que les producen los daños que causa su perro mientras están fuera de casa, esto no cambiará la ansiedad sino que lo traumatizará, en cambio sí puede ser buena idea colocar un bozal de canasta que no cierre por completo las mandíbulas del perro impidiéndole jadear y transpirar, como ocurre con los de nylon, sino que haga de tope por si intenta causar destrozos mordiendo el mobiliario u otros objetos de la casa. Esto sin embargo no evitará que rasque o escarbe contra las puertas o las paredes, llegando a quitar la pintura y el yeso del muro para abrir boquetes; por lo que será necesario establecer una zona restringida, como un cuarto de estar, un parque para cachorros o usar una valla móvil que podamos situar entre partes estrechas y que el perro no pueda franquear. Al regresar a casa le dejaremos salir a vernos cuando esté tranquilo, observando si mejora su respuesta y no hay signos de especial ansiedad o necesidad de apegarse al dueño y buscar contacto físico.

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La terapia con fármacos calmantes o antidepresivos no debe utilizarse a menos que no haya dado resultado ninguna estrategia de adiestramiento canino progresivo, después de agotar todas las posibilidades, que incluyen intentar costear un adiestrador que tenga formación en etología canina, además de administrar calmantes naturales como infusiones o flores de Bach. Los fármacos sólo se deberán usar tras recomendación de un veterinario que prescriba medicamentos para tratar la ansiedad en el perro si es muy exacerbada y provoca graves problemas de conducta con destrozos en la casa e incluso autolesión en el perro, hostilidad vecinal por los ruidos, hasta acuerdos para denunciar en los casos de vecinos completamente histéricos.

Tristemente, el trastorno de ansiedad por separación o la confusión generada en algunos dueños con la capacidad destructiva de un perro joven pueden llevar a castigos físicos, maltrato y abandono al no controlar la situación mediante alternativas positivas. Otros casos trágicos pueden darse cuando un perro es dejado solo en casa en un apartamento cometiendo la imprudencia de olvidar ventanas abiertas y acceso a un balcón o terraza, ya que un perro angustiado tratará de escaparse saltando a la calle sin ser consciente de la altura, contabilizándose muertes de perros que han saltado desde bloques de pisos a gran altura por ansiedad incontrolable, con tal de ir a buscar a la familia. Por ello el adiestramiento incluye restringir el espacio del perro dentro de la vivienda evitando toda zona de la casa con salidas, sean puertas, ventanas, terraza o balcones.

Coprofagia

Coprofagia viene del griego, copros (heces) y phagein (comer), se define como el consumo de excremento por un animal, la ingestión de heces. En la naturaleza existen especies animales que realizan esta práctica, como los perros, otras especies normalmente no lo hacen, excepto bajo condiciones inusuales de desnutrición. La coprofagia se puede dar en perros que pueden consumir parte de sus propias heces cuando son cachorros, durante los paseos pueden olfatear heces de otros animales y consumirlas, es una alteración en la conducta que puede ocasionar problemas de convivencia en la familia. La coprofagia es una desviación alimenticia que comienza a manifestarse cuando el perro es aún cachorro, es relativamente inofensiva para el perro, aunque resulta tan repugnante para algunos dueños que renunciando a su responsabilidad pueden llegar a deshacerse del perro. Si el perro tiene esta clase de comportamiento es necesario acudir a una clínica veterinaria, para averiguar si padece alguna enfermedad o falta de algún nutriente importante.

Causas de la coprofagia

La coprofagia puede ser debida a varios problemas de salud como la insuficiencia pancreática, pancreatitis, las infecciones intestinales, síndrome del malabsorción, y dieta desequilibrada con comidas excesivamente grasas. Sin embargo, en la mayoría de estas condiciones, otras señales junto con la coprofagia estarán presentes, particularmente la diarrea. En algunos estudios se cita como causas el aburrimiento, desajustes nutricionales, la falta de ejercicio y de adiestramiento del animal. Es más común en perritos cachorros pero también en adultos glotones.

Los diferentes tipos de coprofagia

Autocoprofagia: el animal lame o come su propio excremento, es bastante común en los perritos cachorros y no es perjudicial. Generalmente debido a que su dieta es más proteica y grasa, encuentran que en sus heces hay todavía nutrientes.

Coprofagia intraespecífica: el animal come excremento de otro animal dentro de su propia especie, no es habitual en perros, sobre todo si su dieta tiene un aporte nutricional similar. Tan solo suele darse que un perro adulto se coma las heces del perro cachorro.

Coprofagia interespecífica: el animal que come excremento de otra especie. Esta variante sí es habitual en perros, incluso bien alimentados. Los perros pueden comer sobre todo heces humanas y también de otros animales como de gato, caballo, burro, vaca, ciervo, conejo, etc. Dentro de las familias con un bebé ocurre algunas veces que el perro aprovecha algún descuido en la casa para comerse las heces en los pañales.

Conducta de alelomimética: El perro observa al dueño que recoge el excremento y aprende de ellos a levantar la materia fecal.

Conducta por imitación canina: El perro observa a otros perros que hacen coprofagia e imita su actividad, así desarrolla el aprendizaje de otros perros dentro de la casa o en el vecindario.

Conducta maternal: Una perra con cachorros hará a menudo coprofagia y esta conducta es normal considerando que las madres estimulan con la lengua a los cachorros recién nacidos para que orinen y defequen. Hay muchas teorías acerca de por qué la perra hace esto e incluye el mantener el lugar donde descansa la camada limpio, y evitar que el olor del excremento atraiga depredadores que maten a las crías. Las perras comen las heces de sus cachorros, y a veces éstos pueden comer las de sus hermanos u otros perros cuando comienzan a explorar el entorno para comenzar su aprendizaje.

Refuerzo: Algo al comer el excremento refuerza la conducta. Cosas como el sabor pueden ser un factor de la coprofagia interespecífica y generalmente no funciona el tratamiento de asociar un olor desagradable con la aversión al gusto.

Frecuencia y calidad del alimento: Muchas personas sólo alimentan al perro una vez al día. Algunos postulan que los perros deben tener comidas múltiples a lo largo del día, al menos una tras el primer paseo de la mañana y otra en la tarde o noche. Si el perro no ha comido en muchas horas naturalmente por ello acostumbra a practicar coprofagia para complementar su horario de comida y cumplir esta necesidad. En lo posible hay que dar una dieta con alimentos balanceados de reconocida calidad. Una falta de fibra adecuada en la dieta podría derivar en coprofagia al igual que se cree que los perros que consumen heces de gatos lo hacen porque esas deposiciones suelen tener restos de proteínas dado que su pienso es más rico en carnes. En el caso de las heces humanas, muchos perros las buscan porque aún en las deposiciones se encuentran nutrientes más ricos debido a la mejor dieta que tenemos en general, en comparación con la dieta de los perros.

Tratamiento de la coprofagia

Los diferentes tratamientos puestos en práctica para evitar esta conducta suelen ir enfocados en evitar primero que el animal trate de consumir cualquier tipo de excremento, prevenir antes que tratar de curar una conducta constante. Algunos tratamientos están enfocados en la dieta del perro, otros en el adiestramiento, lo que está demostrado es que el castigo sobre el cuerpo del animal no suele arreglar nada, salvo atemorizarlo. Hay casos donde la solución puede ser tan simple como asegurarse de que el perro come de forma equilibrada y que la comida que consume le da todos los nutrientes que necesita, también se puede repartir la comida del día en tres o cuatro raciones, retirando el comedero si el perro no se termina la cantidad de pienso o comida en los 20 primeros minutos desde que comienza a alimentarse. En casos de perros difíciles de gobernar que comen todo tipo de desechos durante el paseo e incluso ya se han intoxicado o han padecido trastornos digestivos se puede optar por usar un bozal para que no puedan comer nada del suelo.

Enzimas digestivas: Algunas personas agregan enzimas a la dieta de un animal coprófago. La sospecha es que estas enzimas funcionan mal en el animal y se considera que ingieren su excremento para conseguir una entrada apropiada de nutrientes.

Prohiba (TM) (R) o similares: Éste es un suplemento de polvo agregado a la comida del perro. Se piensa que esto hace que el excremento tenga feo sabor para el perro coprófago. La eficacia no se ha demostrado en forma definitiva. Por otro lado esto sólo puede darse a los perros con autocoprofagia o coprofagia intraespecífica.

Aversión al sabor: Se aconseja a los dueños que pongan algo que resulte repelente, como un producto picante, en el excremento de sus perros. Previamente esta sustancia debe haber sido olida por el animal y colocada en su boca, lo que le enseña la asociación entre un olor particular y un sabor horrible. Para ser eficaz, debe usarse constantemente para lograr mejorar esta conducta. Cada excremento debe tener algún elemento de sabor nocivo en él. Otra opción que prueban algunas personas es mezclar trozos de piña o calabacín con la comida del can, por si el perro trata de probar sus propios excrementos, de forma que note un sabor agrio y lo rechace.

Reto o castigo: Este es un método común de intentar, para controlar una conducta. Ladrar es un buen ejemplo, los dueños piensan que si ellos riñen a su animal por haber ladrado, dejará de ladrar. El castigo casi nunca funciona y generalmente trabaja como refuerzo de la conducta, porque el animal recibe la atención de su dueño, que es lo que realmente quiere. Otra opción que practican algunas personas que al salir al campo o a pasear por ciudad observan a su perro oler o ingerir excrementos de otros animales, es llevar una botella con pequeñas piedras en el interior, agitándola de forma ruidosa y muy molesta para el perro cada vez que intente acercarse a consumir heces. Si el perro asocia un ruido de esa clase con el consumo de excrementos puede huir y refugiarse cerca de la persona a quién considera líder, adquiriendo aversión hacia la coprofagia.

Ignorar al perro: Esto es usado a menudo por dueños que han deducido que sus perros quieren llamar la atención al comer el excremento. Esto es mejor que reñir o castigar, pero no tan eficaz como reforzar con atención o premio por una conducta buena, en cualquier caso, sin vigilancia, el perro puede seguir con su conducta, por lo que probablemente siga comiendo heces a su antojo si las encuentra durante los paseos.

Recoger las heces: Esta es una estrategia de tratamiento para prevenir el acceso al excremento por el animal. En casos extremos de coprofagia o en perros que toman todo tipo de porquería del suelo (heces, vómitos, latas, goma de mascar, aperitivos grasos, cáscaras, etc.), un bozal debe ser colocado, cuando sea imposible levantar rápido el excremento. Recogiendo rápidamente la deposición, e impedir al animal comer excremento durante los paseos por lo general es suficiente. No deje que el animal vea cuando levanta las heces para evitar la conducta mimética. A menudo esto puede romper el ciclo de esta conducta.

Bozal: Si el perro realiza esta conducta cuando está solo, o come el excremento solo cuando sale, un bozal puede ser una solución práctica al problema. Si lo tolera bien o se recompensa llevar el bozal, el perro podrá llevarlo puesto por períodos extendidos de tiempo, ésta puede ser uno de las maneras más prácticas de tratar con un perro que es coprófago y difícil de supervisar.

Espera: Anecdóticamente, ésta parece ser una conducta que ocurre a menudo en perros jóvenes. Es posible, por informe de los dueños, que el perro deje de ser coprófago a medida que se hace más grande, pero todavía hacen falta mas estudios para comprender esto ya que la etapa donde los perros tienen esta conducta es de forma más natural al ser cachorros e interactuar con sus hermanos de camada.

Refuerzo positivo: Éste es el proceso de reforzar otra conducta en lugar de la coprofagia. Cuando el perro está a punto de comer el excremento, el dueño puede usar cualquier variedad de órdenes para detener la acción y ordenar al perro estar quieto y controlado. La idea aquí es distraer al perro por algún tiempo para permitirle al dueño recoger el excremento en lo posible sin que el perro lo vea y hacer que el perro se olvide de la deposición.

Combinación de estrategias: Es casi imposible recomendar un solo tratamiento como lo mejor para esto en todos los perros, porque el mecanismo y las razones por las que los perros lo hacen son desconocidos, no es conocido qué terapias de modificación de conducta serán las más eficaces. Es probable que una combinación de reforzar conductas deseadas y recoger el excremento es lo mejor para el tratamiento de coprofagia en perros, el tratamiento más habitual es evitar que se produzca la conducta alejando al perro de cualquier deposición.

coprofagia en perrosEn general la coprofagia es un hábito que molesta a los dueños. Lo más crítico es la posibilidad de ingerir parásitos internos, por lo que el animal deber ser desparasitado contra vermes gastrointestinales, además el consumo de excrementos puede ser causa de contraer enfermedades de otros animales. Normalmente esto pasará si el perro come el excremento de perros desconocidos infestados o el excremento de animales salvajes, el riesgo se reduce notablemente si el animal lleva sus vacunas rigurosamente. Desparasitando frecuentemente los animales, se evitará el riesgo de contraer parásitos internos, para ello se pueden adquirir en clínicas veterinarias fármacos antihelmínticos.

También es posible que el excremento, si esta mucho tiempo sin levantarse, puede infestarse con parásitos, gusanos, larvas de mosca, bacterias, hongos, etc. Esté seguro de mantener a su perro lejos de excremento extraño en el paseo y limpie cualquier excremento viejo lo más pronto posible de su patio o parcela si el perro tiene acceso a una zona delimitada en el exterior de la casa.

Algunas enfermedades virales caninas importantes también pueden ser transmitidas por la ruta fecal-oral y la infección podría ser el resultado de coprofagia del excremento de perros infectados. La hepatitis y la parvovirosis son dos enfermedades importantes que pueden transmitirse de esta manera y son especialmente letales en perros muy jóvenes.