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Perros destrozones (1)

Quien haya tenido un perro cachorro en su hogar sabe que muchos peludos pese a ser tan adorables pueden resultar destrozones cuando les da por tomarla con el mobiliario de la casa por una gran variedad de causas: algunas conductas destructivas de un perro son perfectamente naturales, como las mordeduras por parte de cachorros por curiosidad, por juego o por los dolores que experimentan en las encías durante el cambio a la dentición definitiva. Es razonable que hagan travesuras, muerdan nuestro calzado, ropa sobre todo prendas con textil duro o cuero, cajas de cartón, papeles, cables sueltos de la línea telefónica o tras la torre del ordenador de sobremesa, el mando de la televisión, objetos de electrónica de consumo, cargadores de batería con goma gruesa, herramientas recubiertas de plástico, muebles de la casa fabricados con madera o algún tipo de zona acolchada con goma, espuma o algodón como los cojines en sofás y sillones, o la propia estructura del mueble. Cualquier cosa interesante para morder dejada a su alcance.

perros destrozones

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Generalmente las razas caninas o cruces más destrozones en casa son los perros más activos, enérgicos y con más necesidad de ejercitarse. Razas caninas como el labrador, dálmata, beagle, braco, etc. suelen ser traviesos, aunque cualquier perro mestizo puede ser destrozón en casa cuando es un cachorro o si es particularmente activo. Sin embargo, otras causas de destrozar la vivienda pueden estar relacionadas con un trastorno de conducta o patología: hiperactividad, depresión, trastorno de ansiedad por separación, miedo insuperable por estallidos de pirotecnia, incluso enfermedades neurológicas. Las estrategias de adiestramiento para controlar la hiperactividad y la ansiedad suelen funcionar bien, aunque en casos más extremos se dan tratamientos que incluyen la medicación. Cuando la destrucción incluye hacer boquetes en las paredes más allá de rascar la pintura y el yeso, incluso destrozar puertas, estamos ante un caso grave diferenciable de las travesuras genuinas.

perros destrozones

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Cuando la persona hacia quien el perro se siente vinculado regresa al hogar es habitual que nuestro compañero canino se oculte apesadumbrado, se siente con expresión sumisa o acuda caminando despacio con las orejas gachas implorando clemencia al jefe de la manada, consciente de haber hecho algo punible y esperando no ser castigado. Y es difícil no perdonarlos cuando ponen su expresión: «No pude evitarlo, disculpa», «Entré en pánico pensando que no regresabas a casa», «Necesitaba morder algo por ansiedad».

Hay que reconocer no obstante que algunas series de imágenes en internet parecen bastante efectistas sobre todo con vistas a que se vuelvan sensaciones al ser compartidas en las redes sociales. Pues en las dos imágenes siguientes es difícil creer que dos perritos tan pequeños puedan causar semejante destrozo en una pared o en los muebles, sobre todo dada la escasa mordida de un diminuto chihuahua, por nerviosos que puedan resultar algunos ejemplares.

perros destrozones

perros destrozones

Principales diferencias entre perros y lobos (II)

El perro y el lobo difieren también en la plasticidad de las conductas instintivas, en el lobo son muy fijas y poco moldeables pero en el perro son adaptables según lo que el dueño quiera enseñar, entre estas conductas están la caza, la guardia y las jerarquías sociales. Un lobo no jugará a coger la pelota ni preferirá cazar unas protecciones para adiestramiento de guardia frente a irse en manada a cazar presas en el bosque. El lobo no se mantiene juguetón ni tiene comportamientos infantiles durante su vida y el periodo de socialización del lobezno es generalmente más crítico, prolongándose desde la tercera hasta la duodécima semana de vida. Muchas conductas instintivas en el perro se vuelven autosatisfactorias con el adiestramiento: no se necesita más recompensa que estar haciéndolas. El perro empleado en la caza o que pertenezca a alguna raza canina especialmente dotada para la caza en el campo no necesita el refuerzo de capturar una liebre o una perdiz, sin llegar siquiera a tocarlas es muy probable que mantenga esa conducta toda su vida: es autosatisfactorio, los perros disfrutan al hacer efectiva esa habilidad y darle rienda suelta. Las plasticidad conductual es tal en los perros adiestrados que un perro pastor estará entusiasmado por ayudar conduciendo el rebaño sin querer perseguir a ningún animal del ganado, por otra parte en la caza hay una división del trabajo tal que un perro de rastreo o de muestra no debe pasar del acecho a la persecución, o un perro cobrador debe centrarse en recuperar la pieza para el hombre, sin excederse más allá de la tarea para la que fue entrenado y encontrándolo estimulante.

El perro tiene una conducta social instintiva con jerarquías sociales menos rígidas que el lobo, mucho más estricto y menos lúdico al organizarse en manadas. Las jerarquías entre perros se establecen principalmente por pautas de dominancia-sumisión. La dominancia/sumisión regula el acceso a recursos, la capacidad del líder de la manada de tomar decisiones referidas al grupo social, la implicación en su defensa y el apareamiento con las hembras. Los perros macho intentan a menudo jerarquizarse y no siempre lo hacen por estatura y peso, los perros de mayor edad pueden censurar a los jóvenes curiosos, afirmando su liderazgo en la manada, si incordian demasiado con sus juegos o si ven que toman objetos que sean de interés para un adulto. El perro tiene la capacidad de establecer vínculos afectivos con los humanos y con otros animales, necesita hacerlo para completar su desarrollo emocional, que no termina con la socialización del cachorro sino que se extiende en toda su vida adulta.

El perro es capaz de realizar acciones coordinadas en conjunto con su grupo social, pudiendo adaptar su conducta individual a las variaciones que la actuación de sus compañeros hagan conveniente, puede sentirse motivado a realizar acciones si otros perros a los que está vinculado se comportan de un determinado modo. Estas conductas sociales pueden tener un fin principalmente lúdico, sin aportar al grupo ningún otro beneficio que el de participar en ellas. Estas pautas instintivas pueden desarrollarse en mayor o menor medida dependiendo del ambiente en que el perro se desarrolle durante el periodo de socialización. Las destrezas sociales se modelan durante el periodo de las tres a las dieciséis semanas, durante las cuales el cachorro tiene una máxima predisposición, vinculada a la pulsión afectiva que le hace necesario y placentero relacionarse. Los cachorros especialmente juguetones tenderán a ser muy efusivos relacionándose con otros perros incluso pasados los cinco meses de edad.

De manera extremadamente gradual, al igual que ocurre con otras especies con las que convivimos en simbiosis, el perro se fue adaptando a las necesidades del hombre y de los territorios a los que migraba generando diferentes razas para las distintas labores y características ambientales y geográficas, aunque como es conocido muchas de las centenas de razas caninas que existen son producto de selección artificial con estudios genéticos ya en el siglo XX, con un mayor conocimiento sobre las leyes de los caracteres hereditarios. Se cree que los lobos se adaptaron a la vida en compañía de los hombres prehistóricos que les llevaron a sus cuevas pero podrían haber regresado con sus semejantes para cazar en manada, la evolución de la domesticación no fue ni mucho menos lineal, de hecho hay muchas teorías, algunas apoyan la idea de que inicialmente los perros prehistóricos eran otro tipo de comida, también que los hombres que formaban bandas de cazadores pudieron encontrar una camada de cachorros de una loba y criar los lobeznos o que los lobos grises fueron compartiendo espacio y presas con los cazadores y entablaron una simbiosis.

domesticación del perro

Es posible que el proceso gradual de domesticación de los perros salvajes prehistóricos comenzara mucho antes, hace 40.000 años cuando en la época glacial los humanos y los lobos convivían en el mismo hábitat y dichos animales se alimentaban muchas veces con las sobras que dejaban los humanos luego de las cacerías, por lo que habrían podido seguir a los grupos nómadas con tal de lograr comida en periodos de escasez y así entablar la mencionada simbiosis. Igualmente el Homo Sapiens pudo tener una relación antagonista con el lobo gris respecto a presas de caza menor en la pugna por los recursos, pero también compartir alimentos con cachorros criados en cautividad tras ahuyentar a ejemplares adultos o quedarse con lobeznos de una madriguera y después adiestrarlos como ayudantes del grupo humano.

Los perros han heredado la visión, el olfato y el oído de su antepasado el lobo. Estos sentidos han evolucionado junto a la nueva especie y se han adaptado en las distintas razas caninas gracias a los «cruces», «cría selectiva», o a la «selección artificial». Como ejemplo está el caso de los galgos, que a través del tiempo han logrado desarrollar una vista mejor aún que la de los lobos, además de una notable velocidad en carrera. Un cambio que ha ocurrido en casi todos los perros domésticos, es que los ojos de los canes miran principalmente hacia adelante más que hacia los lados y tienen un campo visual más reducido, mientras que en los lobos es lo contrario, su visión es más periférica, a pesar de ser depredadores.

domesticación del perro

Ciertas razas de perros, como Border Collie, Pastor Alemán, Pastor Belga, Labrador y Golden Retriever, son por lo común más fáciles de entrenar respecto a otras como los perros nórdicos, de caza y de trineo, como Alaskan Malamute o Husky Siberiano. Aún el perro más introvertido, distraído y flojo puede obedecer durante el entrenamiento con mayor facilidad que, por ejemplo, un gato. La habilidad de obedecer y aprender sin embargo no es la única medida de la inteligencia canina. Por su naturaleza sociable entienden la estructura social y las obligaciones, y a menudo aprenden rápidamente cómo comportarse con otros miembros del grupo, ya sean perros o humanos. Los perros adultos modelan a sus cachorros mediante correcciones (auditivas o físicas) cuando no se comportan de la forma esperada y con premios si tienen comportamientos aceptables: jugando con ellos, alimentándolos, limpiándolos, etc.

Son animales que tienden a usar guaridas en el momento del parto y al criar los cachorros, así que pueden aprender fácilmente comportamientos útiles en la madriguera como mantener su lugar de descanso limpio y aceptar estar en un área cerrada como es el caso de una jaula temporal para transporte u otro lugar cerrado.

Algunas razas de perros han sido continuamente seleccionadas a lo largo de cientos o miles de años por su capacidad de rápido aprendizaje para pastoreo o guardia, mientras que en otras razas, esta cualidad ha sido relegada en favor de otras características como son la habilidad de correr a mucha velocidad, perseguir, cazar otros animales o cobrar presas. Sin embargo, la capacidad de aprender obediencia básica -y eventualmente comportamientos complejos- es inherente en todos los perros. Los amos deben ser simplemente más pacientes con algunas razas caninas que con otras y con determinados ejemplares más que con otros, ya que además de la raza, cada perro es diferente.

Un perro es tan previsible en su comportamiento cuanto más disciplinado sea su adiestramiento. Un perro será tan obediente y leal a su líder humano cuanta mayor seguridad afectiva y protección reciba dentro de la jerarquía familiar. Sin embargo, un perro no es tan resolutivo como un lobo cuando se presenta un problema totalmente nuevo al que nunca se había enfrentado en su vida o el ambiente es demasiado hostil y está desprovisto de la compañía del hombre. Un lobo puede sobrevivir en un hábitat hostil y resolver situaciones que ponen en riesgo su vida o la de su manada, aprendiendo de dichas experiencias de forma inmediata o siguiendo a otros miembros del grupo social. Los perros necesitan un adiestramiento por repetición del ejercicio y refuerzo positivo, sintiéndose queridos por su familia humana, a la sazón la autoridad jerárquica o su cuidador primordial.

razas caninas

Se podría ver la habilidad de aprender órdenes o ser adiestrados con rapidez como un signo de inteligencia, aunque también se podría afirmar que es un signo de servidumbre, sumisión al amo y que la verdadera inteligencia de los perros está en razas tales como el Husky Siberiano, que no está particularmente interesado en complacer a sus amos, pero si está fascinado con las innumerables posibilidades de escapar a los campos o de atrapar y matar pequeños animales, quizá por eso los perros husky aún conviviendo con familias, no suele ser recomendable tenerlos sueltos al pasear cuando aún no se controla mucho al perro.

Los perros guías o lazarillos deben ser pacientes, tranquilos y seguros de sí mismos, aprender un número enorme de órdenes, entender cómo comportarse en una gran variedad de situaciones y reconocer riesgos o peligros a su compañero humano, frente a alguno de los cuales nunca se han enfrentado con anterioridad. Algunas pruebas de inteligencia son la habilidad de reconocer un vocabulario extenso, otras pruebas tienen que ver con el deseo y la habilidad de responder a diversas situaciones.

Principales diferencias entre perros y lobos (I)

«La diferencia más notable entre estos últimos perros prehistóricos y los perros de raza actuales es el tamaño de los dientes», que se parecen más a los lobos que a los perros actuales: los colmillos y los premolares son más grandes que las piezas dentales de los perros domésticos que conocemos hoy. El perro paleolítico europeo de hace 35 000 años tenía mandíbulas con molares y colmillos grandes adaptados a cazar presas junto a un grupo de hombres, para alimentarse de una dieta carnívora estricta. Los perros domesticados en las sociedades agrarias y ganaderas del neolítico no necesitaban unas mandíbulas tan temibles, porque su dieta es más variada, basada en provisiones de los humanos.

«En su aspecto, el perro del Paleolítico se asemeja a la mayoría de los perros nórdicos, como los de la raza Husky Siberiano, pero en cuanto a tamaño, sin embargo, son algo más grandes, probablemente comparable a los grandes perros de raza Pastor Alemán», según Germonpré, paleontólogo en el Real Instituto Belga de Ciencias Naturales. Existen otras diferencias morfológicas: los lobos tienen un hocico más largo que muchas razas de perros conseguidas por selección artificial, al buscar que la mordida del perro sea más potente y las mandíbulas hagan más presión. Los lobos adultos tienen las orejas erguidas, como los perros pastores o los perros nórdicos, pero en cambio muchos perros empleados en caza tienen las orejas caídas, lo cual da mayor predisposición a padecer otitis.

Los lobos aúllan, pero no realizan el ladrido como los perros, generalmente más insistentemente cuando son cachorros y posteriormente en la edad adulta al desconfiar de un extraño, al alertarse por algún peligro, sobre todo durante la noche, o al señalar presas. Los perros Alaskan Malamute ocasionalmente parecen imitar el aullido del lobo y en general los perros nórdicos ladran menos que otras razas caninas. Algunas razas de perros primitivos, aislados en regiones geográficas donde los pobladores humanos no tuvieron especial interés en domesticarlos ni criarlos pero tampoco han tenido intercambio ni mestizaje con perros de otros lugares del mundo durante milenios, ni siquiera ladran, sino que emiten un cántico, como el Basenji congoleño o el perro cantor de Nueva Guinea.

Perros de trineo aullando

Perros husky

Además de estas diferencias morfológicas, son notables también las etológicas o conductuales, el lobo y el perro tienen organizaciones sociales fuertemente jerárquicas pero su carácter difiere en cómo actúan ante situaciones desconocidas, ante las actividades lúdicas y en su predisposición a ser adiestrados por el hombre, debido a lo que se denomina neotenia: la persistencia de un temperamento infantil o comportamientos juveniles una vez alcanzada la edad adulta, lo que hace que el perro acepte nuestra autoridad y pueda ser adiestrado mediante juegos. El adiestramiento canino consiste, por tanto, en realizar juegos estimulantes para el perro, donde la consecución del objetivo fijado es reforzada mediante recompensas de comida. La plena integración del perro en un ambiente familiar afectivo que le proporcione seguridad y protección, dentro de una jerarquía, aporta estabilidad emocional y potencia su aprendizaje.

Neotenia.
Del francés néoténie.

Biología. Persistencia de caracteres larvarios o juveniles después de haberse alcanzado el estado adulto.

El lobo es extremadamente tímido y asustadizo ante las situaciones desconocidas, mientras que el perro es un animal sociable que no tiene ese carácter desconfiado y cauteloso, al menos si no ha sido maltratado, de tal modo que muchos perros podrían irse con un desconocido que los acaricie y les ofrezca algo de comida, mientras que un lobo que se encuentre con el hombre en el bosque evitará al bípedo implume. La forma de aprender, entendiendo aprendizaje como adquisición de conocimientos y como modificación de la conducta en función de los cambios en el entorno, es muy diferente en ambos animales, los lobos tienen formas de aprendizaje cognitivas, mientras los perros tienen formas de aprendizaje conductistas: los lobos tienen una mayor capacidad para aprender por observación, imitación, de forma vicaria con sus compañeros de manada, por descubrimientos espontáneos en situaciones inéditas -un desafío al que nunca se habían enfrentado con anterioridad en su vida-, y desarrollan estrategias de afrontamiento mediante la comprensión del problema. Los lobos muestran más facilidad para el aprendizaje cognitivo que los perros, por contra, los lobos apenas son animales adiestrables mediante sistemas operantes.

Los perros tienen una mayor capacidad de aprendizaje por condicionamiento, mediante refuerzos positivos, su forma de actuar ante problemas es mucho menos cognitiva, por ello los perros son menos resolutivos. Los perros pueden cambiar su conducta y desarrollar prácticas nuevas al estar junto con otros perros, imitando tanto a pequeños como a mayores en edad, tanto en tareas que el hombre considera útiles como haciendo travesuras. Pese a su capacidad imitativa, el perro aprende mucho más vinculándose afectivamente a un individuo y con recompensas de comida. Las teorías conductistas, que se basaron en evitar referencias a los estados mentales o internos de los sujetos estudiados para centrarse exclusivamente en las observaciones manifiestas del comportamiento, han sido muy útiles en etología y han desembocado en las formas de adiestramiento en positivo, que se resume en ignorar al perro cuando hace algo mal o no es capaz de completar una acción y reforzar lo que el perro hace bien, recompensando con una golosina la orden cumplida.

Lobos en la nieve

El condicionamiento clásico comienza con los estudios de Pávlov, a principios del siglo XX, durante el aprendizaje un estímulo neutro (tipo de estímulo que antes del condicionamiento, no genera en forma natural la respuesta que nos interesa) genera una respuesta deseada después de que se asocia con un estímulo que provoca de forma natural esa respuesta. Cuando se completa el condicionamiento, el que antes era estímulo neutro pasa a ser un estímulo condicionado que provoca la respuesta condicionada. El ejemplo más utilizado es la salivación en el perro ante la presentación de una apetitosa comida. Empleando el sonido de una campana unos segundos antes de dar de comer al perro, se llega a generar tras varios intentos la respuesta deseada en el perro, esto es la salivación, incluso sin que vaya seguido de la presentación de la comida.

Psicólogos conductistas como B.F. Skinner (condicionamiento operante) y Thorndike (condicionamiento instrumental) prosiguieron con estudios que muestran que el aprendizaje es el resultado de la asociación de estímulos y respuestas. Las estrategias de refuerzo en ejercicios repetitivos, hacen que un estímulo aumente la probabilidad de que se repita un determinado comportamiento anterior, en términos caninos: si el perro recibe mimos de aprobación y algo de comida, tenderá a comportarse como se le pide, acudiendo cuando se le llama, ejecutando correctamente órdenes como sentarse, tumbarse, esperar, dar las patas delanteras, etc. La característica esencial del condicionamiento operante reside en el refuerzo (alimento) que percibe la conducta operante (realizar una acción para lograr el premio de comida). Las respuestas del animal se afirman si van seguidas de consecuencias positivas y se debilitan si van seguidas de consecuencia negativas o de un castigo.

Debe señalarse también en cuanto al comportamiento canino, que muchas de las conductas indeseadas en el perro, como actos violentos o malas costumbres, esto es, mordeduras por temor, incontinencia dentro de la vivienda, son comportamientos desarrollados por razones tales como: falta de actividad (no salir a ejercitarse juntos para realizar caminatas, carreras o deportes caninos), ausencia de disciplina, entrenamiento o educación irresponsable por parte de los propios amos e incluso maltrato con golpes o castigos sobre el cuerpo del perro.

Se considera que cuando un animal es tímido su principal interés en una situación nueva a la que nunca antes se ha enfrentado es salir del problema, buscar la seguridad, esto afina las capacidades de comprensión de dichas situaciones. Si por el contrario la nueva situación no es percibida como potencialmente peligrosa el animal será capaz de recibir las informaciones que permitirán adaptarse al entorno con renovadas formas de comportamiento. Si una especie aprende nuevas conductas por condicionamiento operante puede adaptarse y hacer viables muchos más entornos. El lobo es mucho menos adaptativo que el perro a los cambios repentinos en su medio ambiente, entorno o hábitat; por el contrario el perro requiere un hábitat más seguro para desenvolverse y no puede sobrevivir en entornos muy hostiles, siendo dependiente de la protección de los humanos, incluso en casos de perros asilvestrados que se agrupan en manadas de vagabundos y cazan aves de granja en las inmediaciones de aldeas rurales, asaltando corrales para obtener algo de comida, no es comparable con el hábitat del lobo.

Ansiedad por separación

La ansiedad por separación en los perros es un estado psicológico caracterizado por una excesiva ansiedad y signos de estrés cuando el animal es separado de la familia o de la persona hacia quien tiene una fuerte relación de apego y dependencia. También pueden presentar ataques de pánico por la ausencia prolongada y la consecuente preocupación de pérdida de dicha figura jerárquica hacia quien se siente especialmente vinculado el perro.

El trastorno de conducta puede aparecer en el cachorro bastante antes de alcanzar la edad adulta, cuando el dueño se marcha del hogar y el perro se queda solo en casa. También puede desencadenarse en situaciones como cambios de horario laboral, o regreso al calendario laboral o académico después de una estancia prolongada donde el jefe de la manada y el perro han pasado mucho tiempo juntos sin separarse. Pese a que los perros -ni prácticamente ninguna especie en los mamíferos- no tienen ni mucho menos tanta dependencia infantil como el hombre, esto es, el periodo de tiempo que pasa desde que una cría es dependiente hasta que el individuo puede valerse por sí mismo para sobrevivir, acentuado en los humanos por condiciones culturales y socio-económicas, el cachorro pasa de un apego total hacia a la madre a su integración en un grupo social, pues los perros son animales gregarios y además necesitan la jerarquía familiar para estar equilibrados.

En sociedades preindustrializadas, los perros han vivido formas de semilibertad manteniéndose próximos a la manada durante la mayor parte del día, a diferencia del confinamiento en viviendas urbanas durante el proceso de gentrificación con horarios más rígidos de ausencia de la familia. Esto hace que muchos perros manifiesten signos de ansiedad al quedarse solos dentro de la casa por largos periodos a los que no estaban acostumbrados, o si la persona por quien sienten especial apego no aparece a la hora en que habitualmente ya ha regresado a casa. Los perros con mayor riesgo de desarrollar ansiedad por separación son aquellos procedentes de centros de recogida, abandonados en la calle, y los que han pasado largo tiempo con una misma persona con quien tenían rutinas establecidas o pasaban mucho tiempo junto a su anterior dueño dentro de la casa al tratarse de una persona mayor o por causas como baja laboral por enfermedad, para cambiar a otra vivienda y quedarse solos repentinamente. También los cachorros que son separados a muy temprana edad, antes de los 3 meses, con destete muy temprano al ser camadas no deseadas, alterando el desarrollo afectivo normal con la madre y sus hermanos. Algunos perros tienen traumas de su etapa de cachorro, indefensión aprendida o excesiva neotenia, conservando actitudes infantiles pese a llegar a la edad adulta.

Generalmente el cachorro se vincula sobre todo a una persona de la familia que será su primera referencia y a su vez es correspondido afectivamente. El perro necesita la estructura jerárquica y seguir a la manada, tanto en los grupos humanos donde el perro tiene una función específica de trabajo más allá de que se aprecie su compañía, como en las sociedades burguesas donde recibe un cariño recíproco como mascota. Los signos de depresión se observan cuando un perro se tumba en zonas no habituales de descanso, se comporta apesadumbrado o retraído, presenta reticencia a dormir o alimentarse si el dueño se prepara para salir de casa y no se lo lleva con él, incluso deambula o trata de evitar su marcha. Al estar separado de la persona con quien tiene un fuerte vínculo de apego y dependencia, el perro se angustia, la sensación de tensión, inquietud, frustración, nervios, pueden hacer que el perro reaccione ante tal situación destruyendo objetos en la vivienda familiar, a veces causando verdaderos estragos contra muebles, paredes, puertas, etc. no sólo mordiendo para descargarse, sino haciendo boquetes.

El perro puede comenzar a llorar desconsoladamente, miccionando o defecando sin ser capaz de contenerse, así como puede ladrar con continuos aullidos durante horas hasta desgañitarse, causando además problemas de convivencia a la familia con el resto del vecindario. Los ladridos en forma de llanto desconsolado son algo completamente instintivo del perro como recuerdo infantil para encontrar al resto de la prole y el grupo social en caso de sentirse perdido. Es importante atender a los signos mencionados cuando el perro se anticipa a la salida del dueño asociando ciertas rutinas con que su salida es inminente, que anteceden a las conductas destructivas por ansiedad, para no confudir el carácter juguetón y potencialmente destructivo de un cachorro que experimenta con curiosidad, al trastorno de ansiedad por separación. Además el trastorno de ansiedad por separación se manifiesta tanto si el dueño se marcha de casa para un recado puntual y está fuera un periodo de tiempo muy corto, como 30 minutos, como si se trata de su jornada laboral y está fuera de casa 8-10 horas.

Cómo tratar el trastorno de ansiedad por separación en perros

El tratamiento de la ansiedad por separación en el perro implica utilizar estrategias para que el perro sea menos sensible a las señales que percibe en la familia o el dueño justo antes de que se marche de casa, para que se acostumbre gradualmente a periodos de ausencia de la persona con quien se siente vinculado durante los cuales estará solo en la vivienda. Normalmente, los perros aprenden a asociar ciertos indicios con ausencias cortas de la familia. Por ejemplo, al ir a visitar a un vecino y sonar su timbre para conversar en el descansillo o rellano, al sacar las bolsas de basura, su perro sabe que usted regresará inmediatamente, y no se siente ansioso porque la espera será muy corta. Esto se puede hacer de manera extremadamente lenta y gradual según la paciencia y dedicación que tenga el dueño, por ejemplo: salir de casa, cerrar la puerta y volver a entrar, sin mimos efusivos, sino actuando con normalidad. Si no hay signos de angustia y ansiedad por la separación aunque el perro vaya a la entrada de la casa, bajar al portal y volver a subir a casa, si el perro tolera este espacio de tiempo, practicar dando un paseo alrededor del bloque residencial y subir en cinco a diez minutos. Cada vez más tiempo hasta lograr ausencias muy prolongadas para acostumbrar al perro a que es normal que se quede solo en casa sin experimentar temor a que la familia no regrese.

Generalmente los perros se excitan repentinamente con la idea de salir a pasear cuando ven que el jefe de la manada realiza una determinada rutina, como coger las llaves, colocarse una prenda concreta o abrir un cajón o armario de la casa donde se guardan también collares, arneses y correas de los perros. Se recomienda ignorar al perro si acude a nosotros para acompañarnos, no premiar su insistencia con atenciones sino sentarnos o hacer alguna tarea doméstica fingiendo estar muy ocupados para atender su demanda. El perro debe aprender a estar separado de la familia y permanecer solo algunos periodos de tiempo sin perder la calma. Si suele ser muy cariñoso y efusivo es mejor evitarlo inicialmente mientras tenga signos de ansiedad. En caso de haber trastorno de conducta manifiesto no incentivar tampoco al perro mimándolo demasiado al regresar a casa, por más que se muestre sumiso y apesadumbrado por haber causado algún daño en la vivienda, o si salta alegremente para recibirnos.

ansiedad por separación perrosPuesto que la relación es jerárquica dentro del grupo, el amo puede decidir que el perro descanse y tenga su comedero fuera del dormitorio, evitando que, por dormir juntos o sentir especial vínculo al espacio de la habitación, el perro se ponga aún más ansioso y estresado, causando destrozos contra el mobiliario. La mejor estrategia para que el perro esté lo más relajado posible y se mantenga tranquilo o tenga deseos de descansar en casa es hacer coincidir un paseo estimulante para el perro, con muchísimo ejercicio físico, antes de que el dueño se marche, por ejemplo previo a salir hacia el trabajo para comenzar la jornada laboral. Si el perro está agotado y ha disfrutado del paseo, tendrá pocas ganas de tomarla con la casa y habrá visto recompensadas sus necesidades afectivas. Cuanto más activo sea un perro y más atlética sea su complexión, mayor necesidad tendrá de desfogarse y hacer ejercicio físico, sobre todo si pertenece a alguna raza canina deportiva o empleada en tareas de apoyo al hombre, como labradores, podencos, bracos, pastores, etc.

Otra estrategia que suele funcionar bien es mantener una zona donde el animal permanece en la casa con alternativas que lo distraigan, juguetes, algo que pueda morder como un hueso e incluso manipular para obtener algún aliciente, como los conos resistentes tipo Kong rellenos de comida o golosinas para perros, de ese modo centrara la mordida en algo que no son muebles ni cables, aparatos electrónicos o documentos dejados en las mesas. Si la familia tiene otras mascotas, ayuda la presencia de otro animal de compañía con quien el perro tenga buena relación de modo que no esté completamente solo. Algunas personas generan una pequeña ficción de acompañamiento, dejando encendida una radio con programas de debate, o algún canal de televisión con sonido constante y moderado, para que el perro escuche voces humanas, incluso ideando cosas más sofisticadas como grabaciones con la propia voz del dueño. Otra buena estrategia es dejar al perro en su cama o zona de descanso una prenda de ropa que huela a usted, con la que haya dormido o que haya transpirado durante el ejercicio físico o el paseo previo, como la prenda del pijama o una camiseta deportiva. Si ha adiestrado a su perro con comandos de voz, órdenes como «sentado», «quieto», «da la patita», sabrá que puede establecer una «seña de seguridad»: una palabra o expresión que le dirá al perro cada vez que salga de la casa para asegurar a su perro que regresará, por ejemplo: «pronto volveré», «pórtate bien».

Si el perro ha demostrado capacidad destructiva, es necesario disminuir su acceso a las diferentes zonas de la vivienda. No se debe encerrar al animal dentro de un transportín o una jaula, como algunas personas optan por hacer debido a la desesperación que les producen los daños que causa su perro mientras están fuera de casa, esto no cambiará la ansiedad sino que lo traumatizará, en cambio sí puede ser buena idea colocar un bozal de canasta que no cierre por completo las mandíbulas del perro impidiéndole jadear y transpirar, como ocurre con los de nylon, sino que haga de tope por si intenta causar destrozos mordiendo el mobiliario u otros objetos de la casa. Esto sin embargo no evitará que rasque o escarbe contra las puertas o las paredes, llegando a quitar la pintura y el yeso del muro para abrir boquetes; por lo que será necesario establecer una zona restringida, como un cuarto de estar, un parque para cachorros o usar una valla móvil que podamos situar entre partes estrechas y que el perro no pueda franquear. Al regresar a casa le dejaremos salir a vernos cuando esté tranquilo, observando si mejora su respuesta y no hay signos de especial ansiedad o necesidad de apegarse al dueño y buscar contacto físico.

ansiedad por separación perros

La terapia con fármacos calmantes o antidepresivos no debe utilizarse a menos que no haya dado resultado ninguna estrategia de adiestramiento canino progresivo, después de agotar todas las posibilidades, que incluyen intentar costear un adiestrador que tenga formación en etología canina, además de administrar calmantes naturales como infusiones o flores de Bach. Los fármacos sólo se deberán usar tras recomendación de un veterinario que prescriba medicamentos para tratar la ansiedad en el perro si es muy exacerbada y provoca graves problemas de conducta con destrozos en la casa e incluso autolesión en el perro, hostilidad vecinal por los ruidos, hasta acuerdos para denunciar en los casos de vecinos completamente histéricos.

Tristemente, el trastorno de ansiedad por separación o la confusión generada en algunos dueños con la capacidad destructiva de un perro joven pueden llevar a castigos físicos, maltrato y abandono al no controlar la situación mediante alternativas positivas. Otros casos trágicos pueden darse cuando un perro es dejado solo en casa en un apartamento cometiendo la imprudencia de olvidar ventanas abiertas y acceso a un balcón o terraza, ya que un perro angustiado tratará de escaparse saltando a la calle sin ser consciente de la altura, contabilizándose muertes de perros que han saltado desde bloques de pisos a gran altura por ansiedad incontrolable, con tal de ir a buscar a la familia. Por ello el adiestramiento incluye restringir el espacio del perro dentro de la vivienda evitando toda zona de la casa con salidas, sean puertas, ventanas, terraza o balcones.