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Efectos de la esterilización en los perros

La esterilización de los perros domésticos suele tener como primer objetivo el evitar la superpoblación de perros en una zona y el abandono de camadas enteras de cachorros o de perros jovenes y adultos. Muchas veces hay dueños de perras que no están dispuestos a responsabilizarse de una camada tras un apareamiento no deseado y la gestación de la perra, por lo que abandonan a los cachorros a una muerte segura o los dejan en la calle tras el destete. En otros casos de abandono, algunos perros acaban en la calle debido a que fueron comprados como regalo de navidades, cumpleaños o algún otro motivo sin pensar en una tenencia responsable y son dejados en las calles cuando presentan problemas a la convivencia o los dueños se separan, van de vacaciones en algún viaje o se mudan de casa. En las asociaciones protectoras de animales que tienen refugio para mascotas, redes de casas de acogida y difunden animales en adopción, suelen poner como condición obligatoria al adoptante la esterilización del animal.

Existe unanimidad en considerar la castración como un medio efectivo para tratar problemas conductuales que pudieran estar relacionados con la reproducción como son el vagabundeo, la monta y la agresividad intraespecífica de los machos. Sin embargo, no existe unanimidad a la hora de determinar si la castración es efectiva o no en función del problema conductual. Concretamente, para los problemas de agresividad, muchos autores afirman que la castración o no sirve para nada o pudiera incluso agravarlos, mientras que otros opinan lo contrario. Teniendo en cuenta la falta de consenso y que no todos los perros tienen por qué responder de la misma manera, no estaría justificado realizar una castración quirúrgica de entrada, de tal forma que sería recomendable, antes de dar el paso irreversible de dicho acto, hacer una valoración empírica previa mediante la castración química o con inyecciones.

esterilización perrosCada vez es más frecuente que muchos dueños opten por castrar a su perro, siendo las hembras mucho más objetivo de la esterilización que los machos. Esto es debido, a que el principal fin de la castración es el de evitar la reproducción, conductas molestas que pudieran estar relacionadas con el patrón reproductivo o trastornos relacionados con los niveles de hormonas. En dichas situaciones, la castración ha demostrado ser una medida muy rentable y efectiva.

Sin embargo, cuando el objetivo de la castración es intervenir en patrones conductuales del perro, la cosa cambia, pues no existe unanimidad a la hora de demostrar en qué situaciones ésta es eficaz y en cuáles pudiera ser ineficaz o incluso contraproducente. Concretamente, en los problemas de agresividad, la castración del perro sólo ha demostrado ser verdaderamente eficaz en la agresividad intraespecífica intrasexual, es decir entre perros del mismo sexo (Hart y Eckstein, 1997), concretamente la castración disminuye la agresividad intraespecífica en el macho, mientras que en la hembra tiene un efecto contrario ya que la aumenta (Roll y Unshelm, 1997).

Las perras suelen tener su primer celo entre los seis y nueve meses de edad aunque este plazo aumenta en función del tamaño de la raza canina y del tiempo en el que alcanzan su crecimiento máximo antes de llegar a la edad adulta. Para las razas caninas de tamaño pequeño o las perras mestizas de pequeño tamaño, el celo llega antes aunque en casos de tamaños gigantes como el Gran Danés o el San Bernardo puede prolongarse más de los 10 meses de edad. El celo dura unas tres semanas, las descargas vaginales sanguinolentas son habituales en esta fase del ciclo, el flujo es más abundante al inicio del celo y más escaso y denso a medida que avanza. Los perros macho pueden oler a distancia a una perra que se encuentre en celo, por lo que si se desea evitar embarazos no deseados es necesario controlar a la perra al salir a pasear, teniendola a nuestro lado con correa, evitando los lugares frecuentados por muchos perros.

Algunos propietarios prefieren evitar riesgos de que la perra pueda quedarse preñada, y buscan interrumpir el ciclo reproductor de la hembra, que normalmente tendrá uno o dos celos anuales. Para impedir el celo de la hembra, se puede inyectar por un profesional veterinario un preparado hormonal de larga duración, que suele posponer el celo durante cinco meses, tras lo cual la hembra puede volver a entrar en celo y ser receptiva a los machos. Otra alternativa química menos agresiva, son los sprays que enmascaran el olor tipico emitido por las perras que atrae a los machos.

La esterilización de la perra es el método más habitual de control de natalidad asi como para evitar peligros derivados del celo o la aparición posible de enfermedades. La intervención que realizan en las clinicas veterinarias para estirilizar a la perra es la ovariohisterectomía, consiste en extirpar el útero y ambos ovarios. Tras la recuperación, la perra no volverá a tener la posibilidad de quedarse preñada ni tendrá el celo. Se estima que la esterilización también reduce el riesgo de contraer cáncer de mama, si se realiza la esterilización a edad temprana antes de la edad adulta tras el primer celo, se puede evitar también el riesgo de padecer diabetes mellitus, que está vinculada a los cambios hormonales de las hembras no esterilizadas. Las perras esterilizadas no pueden padecer piometra, pues se trata de una infección uterina. Una perra esterilizada no se escapará de casa para tratar de aparearse, reduciendo el riesgo de perderse, ser agredida o sufrir accidentes.

La esterilización en los machos es un tema de habitual polémica, hay detractores que incluso cuando no saben si van a utilizar a los machos para la reproducción, consideran que esterilizarlos cambia su personalidad y los vuelve obesos. Los partidarios de la esterilización, coinciden en que la prioridad es evitar la superpoblación que lleva a los abandonos de mascotas, incluso consideran que es beneficioso para la salud, además de no cambiar la personalidad ni el nivel de actividad del perro. La castración consiste en la extirpación quirurgica de ambos testículos, de forma que el macho quede definitivamente incapacitado, para producir el esperma y la testosterona, la intervención es con anestesia general. La castración en los perros reduce el riesgo de contraer enfermedades como los tumores en los testículos, los adenomas anales o la hiperplasia prostática benigna, un agrandamiento de la glándula prostática provocado por la testosterona, la hormona sexual masculina. Su hipertrofia puede provocar problemas de micción y deposición.

Se cree que la castración vuelve a los perros más tranquilos pero esto no siempre es asi, normalmente las costumbres indesables provocadas por el instinto sexual y las ganas de reproducirse se reducen notablemente, como el deseo de escaparse, de orinar marcando el territorio o la agresividad. Lo que no es seguro es que si el perro es castrado después de alcanzar la madurez y teniendo ya un patrón de sus costumbres territoriales, vaya a cambiar radicalmente por inhibir la producción hormonal.

Efectos de la castración en perros sobre conductas no relacionadas con la reproducción

Los efectos de la castración no son siempre inmediatos a pesar de que la concentración plasmática de andrógenos disminuye hasta valores prácticamente nulos casi inmediatamente después de la misma (Manteca, 1996). Esto es debido probablemente a que las proteínas sintetizadas en las células diana por inducción de los andrógenos tardan un tiempo en catabolizarse, de tal forma que el efecto androgénico se mantendría hasta que éstas desapareciesen (Manteca, 2002).

La castración de los machos como es de presuponer, debería de ser más eficaz en aquellas conductas que requieresen el efecto activador de los andrógenos. No obstante, hay mucha controversia a la hora de ponerse de acuerdo sobre los efectos y beneficios o perjuicios de la castración dependiendo del investigador como podemos observar a continuación:

1. En la población general de perros, se observa que los perros castrados muestran mayores problemas de agresión que los no castrados, tanto en machos como en hembras (Guy y col., 2001 a, b, c; Podsberg y Serpell, 1997), siendo el colectivo de hembras el más afectado (Podberscek y Serpell, 1996). Guy y col. observaron que en perros mayores de un año, teniendo en cuenta el sexo y el hecho de haber sido castrados con anterioridad, el orden decreciente en cuanto a la frecuencia de agresión (Guy y col, 2001a, c), la agresividad posesiva y la tendencia a gruñir (Guy y col, 2001c) era: a) Macho castrado b) Hembra castrada c) Macho entero d) Hembra entera. Teniendo en cuenta lo anterior, se observa que la castración actuaría como factor que favorecería la agresión en los machos y las hembras, concretamente Guy y col., (2001b) comprobaron que el aumento de la agresividad que se experimenta en el grupo de las hembras es proporcionalmente mayor que el que se experimenta en el de los machos.

2. El orden de agresividad por dominancia de mayor a menor es: macho entero, macho castrado, hembra castrada y hembra entera, de tal forma que la castración disminuiría la agresividad por dominancia en los machos y la aumentaría en las hembras (Pérez-Guisado y col., 2006).

3. El castrar al perro no se asocia a una mayor incidencia de problemas conductuales (Kobelt y col., 2003).

4. La castración en machos disminuye la agresividad por dominancia o los problemas de agresión y en hembras los aumenta (Blackshaw, 1991; Crowell-Davis, 1991; Wright, 1991).

5. Los machos castrados tienen una menor incidencia de agresiones frente al ser humano y una menor tendencia a pelearse con otros perro que los que son enteros (Overall y Lowe, 2001).

6. El perro entero reacciona con gruñido, ladrido y mordida con una mayor rapidez, intensidad y durante un mayor periodo de tiempo (Overall y Lowe, 2001).

7. Dentro de las hembras es más frecuente la agresividad por dominancia en las que fueron castradas antes del año de edad (O’Farrel y Peachey, 1990.; Polsky, 1996). Por este motivo Overall (1995) piensa que no sería recomendable castrar a las hembras antes del año de edad y que deberíamos de esperar que la perra tuviera al menos un ciclo estral.

8. La castración disminuye la agresividad intraespecífica en el macho y la aumenta en la hembra (Roll y Unshelm, 1997).

9. La castración disminuye la agresividad por miedo tanto en machos como hembras (Galac y Knol, 1996).

10. La castración reduce o elimina el marcaje territorial y la agresividad intrasexual en el 50-60% de los casos (Manteca, 1996 y 2002) y el vagabundeo en hasta el 90% de los casos (Manteca, 2002).

11. Sólo menos de 1/3 del total de perros con problemas de agresión establecidos mejoraron con la castración (Neilson y col., 1997).

12. La castración en machos reduce o suprime las conductas sexualmente dimórficas aunque no todos los machos responden igual, ya que influyen factores como son la edad del perro (en la agresividad por dominancia responden mejor los perros en los que el problema ya existía desde hacía al menos 5 o 6 años mientras que no respondían aquellos en los que el problema llevaba una media de 3 años) y la experiencia previa a la castración (Hart y Eckstein, 1997).

13. La agresión por dominancia apenas resulta afectada por la castración (supresión en el 20-30% de los casos) y la agresividad territorial no resultaba afectada (Hart y Eckstein, 1997).

14. La castración influye de forma negativa en primer lugar en la agresión frente a extraños, seguido por la ansiedad por separación y la agresión frente a los propietarios (Takeuchi y col., 2001).

15. La castración en hembras se asocia a un aumento en este tipo de problemas, es decir, agresión frente a extraños-propietarios y ansiedad por separación (Podberscek y Serpell, 1996). Según O’Farrell y Peachey (1990) en hembras castradas aparece una conducta indiscriminada a la hora de comer.

Efectos de la castración sobre conductas relacionadas con la reproducción

El problema conductual que más resulta afectado por la castración es el vagabundeo, que resulta suprimido en más del 90% de los perros, seguido en orden de frecuencia por la monta y la pelea intrasexual, con una supresión del 60-70% (Hart y Eckstein, 1997). Probablemente porque se trate de conductas asociadas a patrones reproductivos.

En el caso de las hembras, la conducta sexual desaparece de forma definitiva después de la castración (Manteca, 1996 y 2002). En los machos, por el contrario, los efectos de la castración son muy variables e incluso inexistentes ya que se ha observado que la castración en machos prepuberales no reduce significativamente la monta ni la respuesta sexual al estro de las perras, tampoco reduce la agresividad ni las peleas cuando compiten ya sea por jugueteshuesos o por perras en celo. Lo que si se afecta es la incapacidad de estos perros castrados en conseguir copular con la hembra (Le Boeuf, 1970). Otros autores sostienen que con la castración se reduce la monta (Overall, 2001).

Parte de esta variabilidad podría deberse a la experiencia previa del animal, de forma que los individuos que hubieran copulado repetidas veces antes de la castración seguirían manifestando conducta sexual después de la intervención en mayor medida que los animales sin experiencia sexual previa, aunque siempre en menor medida que cuando estaban sin castrar (Manteca, 1996 y 2002).

Conclusiones

La castración es un medio efectivo para tratar problemas conductuales que pudieran estar relacionados con la reproducción como son el vagabundeo, la monta y la agresividad intraespecífica de los machos. Teniendo en cuenta que no existe unanimidad a la hora de determinar si la castración es efectiva o no en función del problema conductual y que no todos los perros tienen por qué responder de la misma manera, se recomienda que antes de dar el paso irreversible de dicho acto, se consulte en una clinica veterinaria por una valoración empírica previa mediante la castración química o medicamentosa. Para este fin, en el macho se podría utilizar antiandrógenos esteroideos, como la ciproterona o el megestrol, o no esteroideos como la flutamida, nilutamida o bicalutamida. En el caso de la hembra se podría ensayar con progestágenos. En cualquier caso, lo que si es seguro es que la esterilización es el método habitual para controlar la natalidad y superpoblación de perros.