El doble origen de la domesticación del perro (I)

Del aullido al ladrido, la domesticación del perro pregonó el Antropoceno, el Homo Sapiens crió durante el Paleolítico cachorros de lobo gris como auxiliares de caza, guardianes de cavernas y los campamentos nómadas. Decenas de milenios antes de que el hombre lograra amaestrar cualquier otro animal, tener caballos, rebaños de ovejas, cabras y vacas. El perro comenzó a ser domesticado de un modo espontáneo y gradual a partir de lobeznos lactantes durante el periodo Paleolítico a finales de la cultura Musteriense, hace aproximadamente unos 38000 años antes de nuestra Era, un período cronológico muy anterior a que existiera cualquier explotación ganadera en las sociedades sedentarias de agricultores y pastores de rebaños, que son muy posteriores y datan del Neolítico en la Creciente Fértil de Oriente Próximo, 9000 años antes de nuestra Era.

La domesticación del perro está considerada como una de las primeras piedras miliares de la influencia civilizadora del hombre sobre el planeta, un hito cultural previo al Neolítico, a las técnicas antiguas de plantación y regadío, hasta la revolución industrial que trajo las formas de agricultura y ganadería intensivas dando lugar al enorme crecimiento demográfico del Homo Sapiens en su etapa más reciente, hasta la superpoblación de 7000 millones de habitantes. Pese a la contingente desaparición de la megafauna del Pleistoceno, que favoreció a los antecesores prehumanos en su supervivencia frente a otros depredadores más fuertes, frente a mitos filantrópicos sobre la entrega del fuego a los hombres por el titán Prometeo, fue el descubrimiento de la domesticación como simbiosis artificial lo que permitió al hombre cambiar su relación con el entorno ambiental y dominar una naturaleza hostil, comenzando a dejar su huella en el planeta. La domesticación del perro como primer animal amaestrado del planeta anticipó por tanto el impacto global que las actividades humanas han tenido sobre los ecosistemas terrestres.

En el extremo oriental de Irlanda se encuentra Newgrange, un monumento cuya datación está entre 3300 – 2900 antes de nuestra era, es más antiguo que las pirámides de Giza en Egipto y que Stonehenge, monumento megalítico situado cerca de Amesbury, en el condado de Wiltshire, Inglaterra. Bajo su gran túmulo circular y entre los habitáculos subterráneos están enterrados muchos fragmentos óseos de animales. Entre los investigadores de paleontología, anatomía comparada y genetistas que investigaron los hallazgos arqueológicos, Dan Bradley de Trinity College Dublin encontró la porción petrosa del hueso temporal del cráneo de un perro, que contiene el órgano de audición, en el feto es la parte relacionada con el desarrollo del tímpano y es una zona densa excepcionalmente útil para preservar el ADN. Cuando se intenta extraer ADN de un fósil, la mayor parte está contaminado por organismos microbianos parasitarios del cadáver, sin embargo, la parte petrosa del hueso temporal tiene un porcentaje tan elevado de pureza que se pudo secuenciar el genoma del largo tiempo difunto perro.

Greger Larson, arqueólogo y genetista, y su compañero de profesión -y fatigas- Laurent Frantz compararon las secuencias de ADN del perro enterrado en Newgrange con los genomas de al menos 700 perros modernos, para construir un árbol genealógico. Para su sorpresa había una bifurcación que dividía el árbol genealógico en dos grandes ramas o dinastías. Una incluye a todos los perros de Eurasia oriental, la otra incluye a todos los perros de Eurasia occidental. Los genomas de la rama occidental dan indicios de un cuello de botella que diezmó su población tras una larga migración. Según el paleogenetista Greger Larson los dos linajes de perros paleolíticos provienen de Asia, en alguna región de China donde se habrían domesticado perros que son antecesores de los mastines tibetanos, sin embargo, hubo un periodo en el Paleolítico medio entre la cultura Musteriense y Auriñaciense cuando se produjo migración de poblaciones de homínidos hasta Europa central donde se ramificó la evolución del perro doméstico, con rasgos similares a los perros pastores y árticos, a diferencia de los lebreles entre Persia y Anatolia. Grosso modo, se calcula que la separación se produjo hace 14000 años antes de nuestra Era. Pero los hallazgos arqueológicos de restos óseos de perros son mucho más antiguos y asociados a ritos funerarios en tumbas humanas. Lo cual quiere decir que cuando se produjo dicha migración desde Asia hacia Europa, ya había poblaciones con perros domesticados en la parte occidental del viejo continente.

Para Larson, esto solamente tiene sentido si se interpreta que el perro fue amaestrado dos veces, domesticado por poblaciones Homo Sapiens en dos periodos cronológicos distintos del Paleolítico y lugares geográficamente separados del planeta, regiones del hemisferio norte donde el lobo gris era el depredador dominante y el modelo del cazador: Europa central y Siberia. Como el doble nacimiento del extranjero Dyonisos, el perro tuvo que ser domesticado en dos etapas diferentes, como algunos avances culturales o técnicos se han producido históricamente en poblaciones que no estaban en contacto ni eran conscientes de la existencia o las prácticas culturales de otros congéneres, sin que se pueda explicar por préstamo cultural entre grupos humanos que convivieran en regiones geográficas próximas.

Hace unos 30000 años, las poblaciones de Homo Sapiens en la parte occidental de Eurasia llegaron a domesticar ejemplares de lobos grises, criando cachorros en cautividad encontrados en madrigueras, lobeznos lactantes cuidados y socializados entre humanos de la cultura Auriñaciense del Paleolítico, dando lugar por auténtica generación a una nueva especie: Canis Lupus Familiaris. Algo similar ocurrió de forma independiente al este del viejo continente Eurasia, dando lugar a dos grupos diferenciados de prehistóricos perros domésticos: aquellos de la zona geográfica europea occidental y aquellos de la zona asiática oriental. Milenios antes de la Edad de Bronce, grupos de población migraron desde Asia hacia Europa central junto a sus compañeros perrunos y encontraron a perros prehistóricos occidentales con los que trabaron linaje.

Los perros asiáticos actuales tienen como antecesores las poblaciones antiguas que ya estaban en la región de China y el Tibet. Pero los perros prehistóricos occidentales, como los restos óseos de Newgrange, Irlanda, o la mandíbula canina descubierta en la cueva de Goyet, Bélgica, con una antigüedad de 36000 años antes de nuestra era, trazan su genealogía hasta los migrantes orientales, cuyos perros se reprodujeron junto a los ya domesticados en Eurasia occidental para mantener la especie pues en su mayoría los antepasados de Europa central se extinguieron. Concuerda con estudios de paleogenética sobre la domesticación de los animales al sugerir que diferentes animales empleados en explotaciones ganaderas también han sido domesticados en periodos cronológicos distintos del Neolítico y regiones separadas del planeta, por ejemplo los cerdos fueron domesticados en Anatolia y Asia oriental.

Las investigaciones de Larson han tenido detractores como Bob Wayne de la Universidad de California, coordinador del equipo de investigación CALeDNA que critican que haya tal profunda división en los mapeos genéticos de los perros, dado que saca conclusiones a partir de un único hallazgo: los restos óseos caninos desenterrados en Newgrange; a pesar de que las muestras disponibles en restos óseos de cráneos y mandíbulas que constituyen pruebas empíricas se acumulan por centenares en regiones de Asia. Es igualmente posible que los perros domésticos hayan sido amaestrados en un mismo periodo, generando patrimonios genéticos por cruces y selección, acompañando después al hombre en su diáspora por todo el planeta.

En el año 2013, el equipo de investigadores genetistas de UC Conservation Genomics Consortium coordinado por el profesor universitario Bob Wayne, comparó los genomas mitocondriales (pequeños anillos de ADN situados fuera del conjunto principal) de 126 perros modernos y lobos, así como 18 fósiles que datan del Paleolítico medio, Mesolítico, hasta el inicio del Neolítico. Concluyeron que los primeros perros fueron domesticados en alguna región de Europa o al oeste de Siberia en las Montañas doradas de Altái, en un periodo cronológico entre el Paleolítico Superior y el Mesolítico. La secuenciación de genomas de perros domésticos comparada con genomas de lobos grises y perros paleolíticos está reforzada por los hallazgos arqueológicos, la paleontología y anatomía comparada de cráneos y mandíbulas datados por técnica de carbono 14. La tesis más sólida se basa en el origen dual de la domesticación del perro en el hemisferio norte en focos donde había más población de lobos grises: Europa central y la región siberiana del continente asiático, con una posterior migración de grupos humanos que transportaron sus perros primitivos desde Asia hacia Europa, pero no un foco de domesticación en el sudeste asiático, donde están los perros asiáticos modernos: “la densidad de los fósiles encontrados en Europa nos indica muchas similitudes con los perros actuales, nada como los hallazgos encontrados en Asia oriental.”

European Origin of Domestic DogsLa investigación sobre los genomas mitocondriales de perros y lobos se publicó en un artículo de la revista Science, 15 Noviembre 2013: Volumen 342, Tema 6160, páginas 871-874: Complete Mitochondrial Genomes of Ancient Canids Suggest a European Origin of Domestic Dogs. Thalmann et al. analizaron completos genomas mitocondriales de perros y lobos de nuestros días, así como 18 fósiles caninos de hace 1000 a 36000 años del viejo y nuevo mundo. Los datos sugieren que las antiguas poblaciones de lobos en Europa central, ya extintas, son ancestros directos de los perros domésticos. Más aún, algunos restos óseos de perros paleolíticos podrían representar eventos fallidos de domesticación. El protagonista de la portada es un ejemplar de perro Basenji, fotografiado por Barbara von Hoffmann, que representa uno de los linajes más diversos de perros existentes en la actualidad. Los análisis genéticos de antiguos y modernos cánidos incluyendo algunos de los vestigios óseos más antiguos, sitúan el origen de los perros paleolíticos domesticados en Europa hace 18800 – 32100 años antes de nuestra era.

Los orígenes geográficos y temporales del perro domésticos siguen rodeados de controversia, puesto que los datos genéticos sugieren una domesticación en Asia oriental hace unos 15000 años, mientras que los fósiles con restos óseos similares a perros, encontrados en Europa y Siberia, en algunos fragmentos de cráneos y mandíbulas tienen una datación de hasta más de 30000 años de antigüedad. Se analizaron genomas mitocondriales de 18 cánidos prehistóricos de Eurasia, en comparación con un panel exhaustivo de secuencias genéticas de perros domésticos y lobos. Los genomas mitocondriales de todos los perros modernos están filogenéticamente relacionados con similar proximidad a antiguos y modernos cánidos europeos. Los datos moleculares sugieren que la aparición de la domesticación se sitúa de forma imprecisa hace 18800 a 32100 años, lo cual muestra un intervalo demasiado laxo, poco riguroso para los avances de la paleogenética y la biología evolutiva. Estos hallazgos indican que la domesticación del perro es la culminación de un proceso muy gradual que fue iniciado entre los Homo Sapiens cazadores y recolectores que llegaron a Europa y los cánidos con los que interactuaban.

Probablemente, los lobeznos criados en cautividad por capricho y curiosidad de un grupo de Homo Sapiens cazadores tenían el instinto debilitado o eran lobeznos lactantes en situación de dependencia, muy infantiles como para desconfiar del hombre y regresar con su manada para vivir como sus congéneres los lobos grises salvajes. Al ser encontrados antes del periodo de socialización con la manada de lobos, antes de sus tres primeras semanas de vida, cuando nunca se aventuran fuera de la madriguera de la madre loba, los lobeznos tomaron como superior jerárquico a sus cuidadores primordiales dentro de la caverna, los líderes de la manada de homínidos pasaron a ser su referencia al recibir recursos como sobras de comida por parte de los hombres del clan, o más bien, de las mujeres Homo Sapiens que los criaron dentro de la cueva, vindicación feminista avant la lettre.

Comenzó entonces el lento y gradual proceso de domesticación por simbiosis artificial de las primeras generaciones de perros paleolíticos, que acabaron confiando en aquellos bípedos con escaso vello corporal, modificando sus patrones cognitivos de aprendizaje para volverse animales adiestrables y asistir a las bandas de cazadores en el rastreo y persecución de presas, completando la inédita simbiosis artificial y cambiando para siempre la forma en que los hombres se han relacionado con el medioambiente. Dicho proceso que culminó en el perro doméstico como subespecie del lobo fue sumamente gradual, con ramificaciones en las poblaciones que dieron lugar a un linaje que se extiende hasta los perros modernos, pero también con ramas extintas debido a intentos fallidos de domesticación evidenciados en los fósiles intermedios de mandíbulas con dentición canina con colmillos y molares cuya morfología no puede ordenarse de manera armoniosa por la paleontología y la anatomía comparada entre el lobo gris del periodo Musteriense, depredador dominante que ya poblaba todo el hemisferio norte durante el Paleolítico, el protoperro del periodo Auriñaciense al término del Paleolítico medio y las primeras generaciones de perros domésticos primitivos que no dieron lugar a progenie que mantuviera la transmisión genética, aquellas ramas extintas antes de que el Homo Sapiens dominara la técnica de domesticación al compartir sus víveres para criar en cautividad y completar la simbiosis artificial con otros animales que favorecieron la supervivencia mutua.

Peter Savolainen del KTH Royal Institute of Technology en Estocolmo discrepa al respecto. Al comparar los genomas completos de 58 lobos y perros modernos, su centro de investigación ha mostrado que los perros en la zona sur de China tienen la mayor variabilidad genética. Y su origen puede trazarse hasta unos 33000 años antes de nuestra Era, antes de que un subconjunto de ellos migrara hacia la parte occidental de Eurasia unos 18000 años más tarde.

Los perros son descendientes del lobo

Lo cual coincide esencialmente con la interpretación precedente de Larson. La diferencia clave es que Savolainen no acepta la existencia previa de un grupo de perros paleolíticos domesticados en Europa central. Esos supuestos perros occidentales del Paleolítico medio que abarca entre 125 000 – 40000 años antes de nuestra era pudieron ser simplemente lobos grises, referencia biológica entre los depredadores de Europa central con los que competían las bandas de cazadores homínidos Neanderthalensis, Cromagnon y Sapiens, dada su organización jerárquica, competencias delegadas, cooperación mutua en las tareas de supervivencia, carácter arrojado, resolutivo y en apariencia despiadado en su instinto por cazar más presas de las que podía consumir con previsión temporal, para almacenar comida en la caverna durante el clima gélido y tener víveres para sus congéneres y cuidar su prole.

Los perros paleolíticos con quienes los homínidos hicieron simbiosis provino más bien de lobeznos lactantes, cachorros de lobo gris encontrados en sus primeras semanas de vida, antes de que socializaran con sus congéneres, por grupos tribales o bandas de cazadores de Homo Sapiens que los dejaron espontáneamente por mera curiosidad a cargo de las mujeres para que ellas los cuidaran en la caverna y socializaron bajo la impronta humana, convirtiéndose en seguidores del líder de la manada humana. O tal vez se produjo una migración más temprana de grupos de Homo Sapiens con perros paleolíticos desde Asia hacia Europa, unos 38000 ó 35000 años antes de nuestra era, justo entre el final del periodo Musteriense del Paleolítico medio en la transición al Paleolítico superior en el periodo Auriñaciense.

Sin embargo, lo que parece claro es que la primera fase de domesticación del perro ocurrió en la zona sudeste de Asia. Adam Boyko de Cornell University estudió los patrimonios genéticos de perros silvestres que sobreviven en la periferia de asentamientos humanos, concluyendo que hubo una única -y no doble- domesticación que se originó en Asia, entre India y Nepal. También se explicarían de este modo las transformaciones lingüísticas recogidas en el indoeuropeo, como migración desde Oriente hacia Occidente hace unos 4500 años, como indica un artículo de la revista Nature publicado con fecha de 12 de febrero del 2015, por Ewen Callaway, donde se destaca que un grupo de migrantes relacionados con la etnia Yamnaya que todavía tiene herederos en Rusia y Ucrania, migró desde Oriente hasta la zona norte de Europa y los países nórdicos, dando origen a lenguas germánicas y eslavas.

Larson añadió que sus compañeros de la comunidad científica se enfocan demasiado en los genes e ignoraban una línea crucial en las evidencias de los restos óseos. Si los perros se hubieran originado como subespecie descendiente del lobo una sola vez, debería localizarse un gradiente ordenado de fósiles desde los más antiguos al centro de la ubicación geográfica de la domesticación hasta los fósiles más recientes lejos del foco. No es lo que tenemos. En cambio, los arqueólogos han encontrado fósiles de más de 15000 años en Europa occidental, y fósiles de 12500 años de antigüedad en Asia oriental, dos focos de domesticación canina muy separados, donde solamente las migraciones de grupos humanos con sus perros podrían explicar la conexión cultural, pero ningún resto más antiguo de 8000 años fue nunca desenterrado en regiones situadas entre los extremos del viejo continente ni desde luego en América, pues las poblaciones de Homo Sapiens atravesaron el puente glacial de Bering desde Siberia hasta Alaska al término de la última glaciación para poblar el continente Americano.

“Si estamos equivocados, ¿cómo explicar los datos arqueológicos?” cuestiona Greger Larson. “¿Saltaron los perros domesticados desde Asia oriental hasta Europa occidental en una semana y luego hicieron el camino de regreso 4000 años después?” No. Tiene más sentido una domesticación dual. Mietje Genompré, arqueóloga del Real Instituto Belga de Ciencias Naturales, está de acuerdo con que las evidencias óseas respaldan la interpretación del paleogenetista Greger Larson.

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