Principales diferencias entre perros y lobos (I)

«La diferencia más notable entre estos últimos perros prehistóricos y los perros de raza actuales es el tamaño de los dientes», que se parecen más a los lobos que a los perros actuales: los colmillos y los premolares son más grandes que las piezas dentales de los perros domésticos que conocemos hoy. El perro paleolítico europeo de hace 35 000 años tenía mandíbulas con molares y colmillos grandes adaptados a cazar presas junto a un grupo de hombres, para alimentarse de una dieta carnívora estricta. Los perros domesticados en las sociedades agrarias y ganaderas del neolítico no necesitaban unas mandíbulas tan temibles, porque su dieta es más variada, basada en provisiones de los humanos.

«En su aspecto, el perro del Paleolítico se asemeja a la mayoría de los perros nórdicos, como los de la raza Husky Siberiano, pero en cuanto a tamaño, sin embargo, son algo más grandes, probablemente comparable a los grandes perros de raza Pastor Alemán», según Germonpré, paleontólogo en el Real Instituto Belga de Ciencias Naturales. Existen otras diferencias morfológicas: los lobos tienen un hocico más largo que muchas razas de perros conseguidas por selección artificial, al buscar que la mordida del perro sea más potente y las mandíbulas hagan más presión. Los lobos adultos tienen las orejas erguidas, como los perros pastores o los perros nórdicos, pero en cambio muchos perros empleados en caza tienen las orejas caídas, lo cual da mayor predisposición a padecer otitis.

Los lobos aúllan, pero no realizan el ladrido como los perros, generalmente más insistentemente cuando son cachorros y posteriormente en la edad adulta al desconfiar de un extraño, al alertarse por algún peligro, sobre todo durante la noche, o al señalar presas. Los perros Alaskan Malamute ocasionalmente parecen imitar el aullido del lobo y en general los perros nórdicos ladran menos que otras razas caninas. Algunas razas de perros primitivos, aislados en regiones geográficas donde los pobladores humanos no tuvieron especial interés en domesticarlos ni criarlos pero tampoco han tenido intercambio ni mestizaje con perros de otros lugares del mundo durante milenios, ni siquiera ladran, sino que emiten un cántico, como el Basenji congoleño o el perro cantor de Nueva Guinea.

Perros de trineo aullando

Perros husky

Además de estas diferencias morfológicas, son notables también las etológicas o conductuales, el lobo y el perro tienen organizaciones sociales fuertemente jerárquicas pero su carácter difiere en cómo actúan ante situaciones desconocidas, ante las actividades lúdicas y en su predisposición a ser adiestrados por el hombre, debido a lo que se denomina neotenia: la persistencia de un temperamento infantil o comportamientos juveniles una vez alcanzada la edad adulta, lo que hace que el perro acepte nuestra autoridad y pueda ser adiestrado mediante juegos. El adiestramiento canino consiste, por tanto, en realizar juegos estimulantes para el perro, donde la consecución del objetivo fijado es reforzada mediante recompensas de comida. La plena integración del perro en un ambiente familiar afectivo que le proporcione seguridad y protección, dentro de una jerarquía, aporta estabilidad emocional y potencia su aprendizaje.

Neotenia.
Del francés néoténie.

Biología. Persistencia de caracteres larvarios o juveniles después de haberse alcanzado el estado adulto.

El lobo es extremadamente tímido y asustadizo ante las situaciones desconocidas, mientras que el perro es un animal sociable que no tiene ese carácter desconfiado y cauteloso, al menos si no ha sido maltratado, de tal modo que muchos perros podrían irse con un desconocido que los acaricie y les ofrezca algo de comida, mientras que un lobo que se encuentre con el hombre en el bosque evitará al bípedo implume. La forma de aprender, entendiendo aprendizaje como adquisición de conocimientos y como modificación de la conducta en función de los cambios en el entorno, es muy diferente en ambos animales, los lobos tienen formas de aprendizaje cognitivas, mientras los perros tienen formas de aprendizaje conductistas: los lobos tienen una mayor capacidad para aprender por observación, imitación, de forma vicaria con sus compañeros de manada, por descubrimientos espontáneos en situaciones inéditas -un desafío al que nunca se habían enfrentado con anterioridad en su vida-, y desarrollan estrategias de afrontamiento mediante la comprensión del problema. Los lobos muestran más facilidad para el aprendizaje cognitivo que los perros, por contra, los lobos apenas son animales adiestrables mediante sistemas operantes.

Los perros tienen una mayor capacidad de aprendizaje por condicionamiento, mediante refuerzos positivos, su forma de actuar ante problemas es mucho menos cognitiva, por ello los perros son menos resolutivos. Los perros pueden cambiar su conducta y desarrollar prácticas nuevas al estar junto con otros perros, imitando tanto a pequeños como a mayores en edad, tanto en tareas que el hombre considera útiles como haciendo travesuras. Pese a su capacidad imitativa, el perro aprende mucho más vinculándose afectivamente a un individuo y con recompensas de comida. Las teorías conductistas, que se basaron en evitar referencias a los estados mentales o internos de los sujetos estudiados para centrarse exclusivamente en las observaciones manifiestas del comportamiento, han sido muy útiles en etología y han desembocado en las formas de adiestramiento en positivo, que se resume en ignorar al perro cuando hace algo mal o no es capaz de completar una acción y reforzar lo que el perro hace bien, recompensando con una golosina la orden cumplida.

Lobos en la nieve

El condicionamiento clásico comienza con los estudios de Pávlov, a principios del siglo XX, durante el aprendizaje un estímulo neutro (tipo de estímulo que antes del condicionamiento, no genera en forma natural la respuesta que nos interesa) genera una respuesta deseada después de que se asocia con un estímulo que provoca de forma natural esa respuesta. Cuando se completa el condicionamiento, el que antes era estímulo neutro pasa a ser un estímulo condicionado que provoca la respuesta condicionada. El ejemplo más utilizado es la salivación en el perro ante la presentación de una apetitosa comida. Empleando el sonido de una campana unos segundos antes de dar de comer al perro, se llega a generar tras varios intentos la respuesta deseada en el perro, esto es la salivación, incluso sin que vaya seguido de la presentación de la comida.

Psicólogos conductistas como B.F. Skinner (condicionamiento operante) y Thorndike (condicionamiento instrumental) prosiguieron con estudios que muestran que el aprendizaje es el resultado de la asociación de estímulos y respuestas. Las estrategias de refuerzo en ejercicios repetitivos, hacen que un estímulo aumente la probabilidad de que se repita un determinado comportamiento anterior, en términos caninos: si el perro recibe mimos de aprobación y algo de comida, tenderá a comportarse como se le pide, acudiendo cuando se le llama, ejecutando correctamente órdenes como sentarse, tumbarse, esperar, dar las patas delanteras, etc. La característica esencial del condicionamiento operante reside en el refuerzo (alimento) que percibe la conducta operante (realizar una acción para lograr el premio de comida). Las respuestas del animal se afirman si van seguidas de consecuencias positivas y se debilitan si van seguidas de consecuencia negativas o de un castigo.

Debe señalarse también en cuanto al comportamiento canino, que muchas de las conductas indeseadas en el perro, como actos violentos o malas costumbres, esto es, mordeduras por temor, incontinencia dentro de la vivienda, son comportamientos desarrollados por razones tales como: falta de actividad (no salir a ejercitarse juntos para realizar caminatas, carreras o deportes caninos), ausencia de disciplina, entrenamiento o educación irresponsable por parte de los propios amos e incluso maltrato con golpes o castigos sobre el cuerpo del perro.

Se considera que cuando un animal es tímido su principal interés en una situación nueva a la que nunca antes se ha enfrentado es salir del problema, buscar la seguridad, esto afina las capacidades de comprensión de dichas situaciones. Si por el contrario la nueva situación no es percibida como potencialmente peligrosa el animal será capaz de recibir las informaciones que permitirán adaptarse al entorno con renovadas formas de comportamiento. Si una especie aprende nuevas conductas por condicionamiento operante puede adaptarse y hacer viables muchos más entornos. El lobo es mucho menos adaptativo que el perro a los cambios repentinos en su medio ambiente, entorno o hábitat; por el contrario el perro requiere un hábitat más seguro para desenvolverse y no puede sobrevivir en entornos muy hostiles, siendo dependiente de la protección de los humanos, incluso en casos de perros asilvestrados que se agrupan en manadas de vagabundos y cazan aves de granja en las inmediaciones de aldeas rurales, asaltando corrales para obtener algo de comida, no es comparable con el hábitat del lobo.

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