Los perros de los bomberos de París rescatan a dos adolescentes perdidos en las catacumbas

Dos adolescentes de 16 y 17 años se extraviaron en las catacumbas de París y permanecieron desaparecidos entre las galerías subterráneas durante más de tres días, hasta ser finalmente encontrados por policías y bomberos de la capital francesa gracias al olfato de sus perros adiestrados. Los jóvenes temerarios se habían perdido al separarse del grupo de ciudadanos durante una visita guiada, para adentrase fuera del circuito señalizado para las visitas del público. Las catacumbas de París son en origen canteras de piedra que datan de la ocupación galo-romana de Lutecia, minas de piedra caliza excavadas al menos 20 metros bajo tierra, en cuyo subsuelo se acumularon los restos mortales de ciudadanos cuando decenas de cementerios en los distritos parisinos próximos a iglesias fueron agotando su espacio y al quedarse pequeño el camposanto con el aumento de población entre los siglos XVIII y XIX, se fueron trasladando los restos óseos gradualmente a las catacumbas de la capital francesa hasta llegar a más de 6 millones de antiguos residentes de París, incluyendo nombres ilustres de la revolución francesa (1789-1799) como Maximilien Robespierre, Georges-Jacques Danton, Jean le Rond D’Alembert, Camille Desmoulins, Louis de Saint-Just, Isabel Filipina María Elena de Francia​​, hermana menor de Luis XVI, último monarca absoluto de Francia, hasta el periodo napoleónico (1799-1815).

Toda vez que se reportó la desaparición de los jóvenes a las autoridades, un grupo de policías y bomberos acompañado de asistentes caninos hicieron una búsqueda el miércoles 14 de junio de 2017 de madrugada entre las 2h30 y las 6h30 hasta encontrar a los dos adolescentes sanos y salvos, siguiendo la pista de su última ubicación declarada en comisaría por los familiares, después de que no regresaran a sus domicilios tres noches atrás. Dos equipos de rescate con agentes cinotécnicos (asistidos por perros) organizaron un primer grupo de efectivos entre las galerías subterráneas de las catacumbas a nivel de los jardines de Val-de-Grâce, y un segundo grupo de efectivos en la zona contigua a la puerta de Montrouge.

huesario catacumbas de París

Según declaraciones de Anthony Dhorbait, instructor de policía GIP-DOPC, y el capitán Clément Cognon, portavoz de la brigada de Sapeurs-Pompiers de París, fue justamente en la avenida de la puerta de Montrouge donde el olfato de los perros dio con los jóvenes extraviados en el lúgubre laberinto. Los binomios caninos rastrearon hasta dar con dos cuerpos que sí transmitían calor a diferencia del resto de habitantes del subsuelo parisino. Al ser reconocidos por el equipo de rescate los jóvenes estaban asustados y con hipotermia, aunque durante la canícula, cuando aprieta la ola de calor veraniego, no se puede estar más a gusto dado que la temperatura en las catacumbas es de 15 grados celsius. Una travesura que costará una multa administrativa a los dos intrépidos infractores. Nada grave comparado con los derrumbamientos mortales de calles asfaltadas y edificios residenciales que afectaron París durante los últimos siglos, sobre todo en las minas al norte, desde que en el año 1777, Louis XVI, último rey de Francia que pasó por la guillotina durante el terror posterior a la revolución francesa, como tantos otros nobles del antiguo régimen, creara el organismo institucional Inspection générale des carrières (IGC) para cartografiar todo el subsuelo parisino y prevenir los derrumbamientos por las cavidades mineras.

plano catacumbas antiguas minas de París

La porosidad de las catacumbas al sur de París siempre ha atraído visitantes curiosos de toda índole, pero solo los amantes de las emociones fuertes se escapaban de las visitas dirigidas al público por guías turísticos, para marcharse por su cuenta y riesgo fuera del circuito señalizado. Tal como declaró Bruno Quentin, inspector de las antiguas minas de París: “Rara vez se pierde algún ciudadano o se queda gente atrapada por la noche, deambular por las zonas fuera del circuito turístico de las catacumbas está prohibido por ley desde 1955, pero quienes se la juegan por esta red de túneles suelen conocer su historia y van bien equipados.” O en las rimas del díscolo rapero parisino Nekfeu: “Dans les dédales de Paname, je n’ai pas d’égal, je me balade”. No en vano está documentado que el 2 de abril de 1897 se produjo un concierto clandestino de música y cánticos en la zona del huesario.

huesario catacumbas de París

El recorrido con visita guiada a las catacumbas de París se realiza de martes a domingo en horario de 10h à 20h30, con un coste por persona de 10 a 12€. La entrada principal a las catacumbas de París se encuentra en el primer número de Avenue du Colonel Henri Rol-Tanguy, próxima a otro subterráneo como la estación de metro en la plaza Denfert-Rochereau, pero algunos catáfilos se adentran por las galerías por su cuenta, que pueden llevar tanto a los cimientos de Montparnasse como al Senado. Los más apañados y temerarios saben entrar y salir por las escaleras de algunos pozos de registro, bastando levantar las tapas de 70 centímetros, incluso a la vista de transeúntes.

Algunos adolescentes han llegado a organizar fiestas en las catacumbas parisinas, además de celebrar juegos de gymkhana y otras pruebas de valentía en un laberinto de más de 250 km bajo la ciudad de París. Lejos del circuito turístico al sur de París controlado por las autoridades y frecuentado por ciudadanos de espíritu cívico, las catacumbas han sido objeto de vandalismo por lo que desde el año 1980 hay una brigada policial especializada en recorrer la red de túneles, denominados en el argot francés los “cataflics”, “catamaderos”, “flics des catacombes”, “maderos de las catacumbas” o también “catapoulets”, “catapollos”, “poulets des catacombes”, “pollos de las catacumbas”.

Ni el mote “poulets”, “catapoulets”, hacia los agentes de la autoridad provienen del verlan o argot francés contemporáneo como schmidts, keufs, kisdés, condés, ni son sobrenombres relativos al uniforme de los agentes del orden público como “van de verde”, “tricornios” relativos a la benemérita, tampoco de traslaciones o préstamos culturales de nombres comunes de animales de granja como en otros países: basta mencionar expresiones despectivas como “pigs” en Estados Unidos, “grasshoppers” en Gran Bretaña, “die bullen” en Alemania…

La expresión “poulets” tampoco proviene del cine francés del último cuarto del siglo XX, en películas como “Adieu Poulet” de Pierre Granier-Defferre, “Poulet au vinaigre” de Claude Chabrol, ou “Tendre poulet”, de Philippe de Broca en el año 1978, sino que se originó en cambio hace más de un siglo, cuando Jules Ferry era alcalde de París. Entre el 18 de marzo y el 28 mayo de 1871, se produjo una revuelta contra el gobierno elegido por sufragio masculino de la asamblea nacional de ideología monárquica o versalleses frente a los proletarios republicanos con ideas políticas colectivistas de autogobierno, denominada Commune de Paris, con disturbios por la derrota en la guerra franco-prusiana y el asedio alemán de París en septiembre de 1870, enfrentamientos de los obreros republicanos socialistas contra los gendarmes parisinos e incendios provocados por los insurgentes, quienes llegan a quemar los edificios que componen la prefectura de la policía, organizada por el déspota ilustrado Napoleón Bonaparte en el año 1800 junto al antiguo palacio judicial en la calle Jerusalem, desaparecida en el año 1883 por las demoliciones en los trabajos de reconstrucción. Para sofocar la escalada de violencia, el alcalde Jules Ferry ordena reubicar la prefectura de la policía parisina, comisaría principal asaltada e incendiada en 1871, en l’île de la Cité, en el centro urbano de la capital francesa, en la ribera del río Sena, entre los distritos I y IV de París.

La nueva caserna (del occitano, cazerna, bóveda, a prueba de bomba, que se construye debajo de los baluartes y sirve para alojar soldados) edificada entre los años 1863 y 1867, será el cuartel de los agentes de policía de París, sita en la dirección 36 quai des Orfèvres. Antes de guarecer la plana mayor de la guardia parisina, dicho emplazamiento había sido un mercado de venta de aves de corral, gallinas y pollos antes del traslado forzoso de las fuerzas del orden público parisino. La asociación nominal no tardó en ocurrir en la cultura popular de los ciudadanos parisinos y sin pretensiones despectivas pusieron el apodo o sobrenombre “poulets” a los policías parisinos, en referencia a los pollos del antiguo mercado sito en 36 quai des Orfèvres donde se ubicó la sede moderna de la prefectura de los policías de la capital de Francia. Dicha expresión inicialmente dirigida a los policías parisinos se extendió rápidamente a los policías por todo el país galo y ha perdurado en el imaginario colectivo hasta nuestros días. Por esta larga reseña histórica se llama “pollos” a los policías, sobrenombre que incluso ha traspasado las fronteras de Francia bajo los Pirineos.

La fuente más fiable es precisamente la presentación histórica en la página de la policía nacional del ministerio del interior de Francia:

Par arrêté du préfet de police du 7 septembre 1870, les sergents de ville changent de nom; ils deviennent des gardiens de la Paix publique. Leur uniforme est modifié, le bicorne est remplacé par le képi. En 1871, Jules Ferry met à disposition de la préfecture de police la caserne de la Cité pour en faire son siège. Cette caserne ayant été bâtie sur l’emplacement de l’ancien marché aux volailles de Paris le sobriquet de poulet est alors donné aux policiers.

Por orden del prefecto de policía del 7 de septiembre de 1870, los sargentos de la ciudad cambian su nombre; se convierten en guardianes de la paz pública. Su uniforme se modifica, el bicornio es reemplazado por la gorra militar denominada quepi. En el año 1871, Jules Ferry puso a disposición de la prefectura o comisaría principal de la policía de París los barracones de la ciudad para que sirvieran como su nueva sede. Dado que esta caserna se construyó en el emplazamiento del antiguo mercado de aves de corral en París, se le dio el apodo de “pollo” al policía parisino.

Casualidad arquitectónica, entre los edificios de hoteles cuyas fachadas están orientadas hacia la moderna prefectura de policía de la capital, se encuentran dos sedes que dan al bulevar del edificio del actual palacio judicial:

– El primero, número 7, está reservado al despacho del prefecto o jefe de la policía de París y el personal de su gabinete;
– El segundo, número 9, alberga el estado mayor de la brigada de bomberos, el equipo de rescate de la capital francesa, sapeurs-pompiers de Paris, comandada por Jean-Claude Gallet, bajo el lema “Salvar o Perecer”. Su comandante histórico es el general de la resistencia Abdon Robert Casso.

La expresión o voz de alarma para advertir que llegan policías utilizada también entre los intrusos de las catacumbas parisinas: “22 v’là les flics!”, “22, ¡ahí vienen los policías!” apareció a finales del siglo XIX, relacionada con las máquinas de linotipia, inventada en 1884 por Ottmar Mergenthaler y ampliamente utilizada en talleres de imprenta. Quienes desde finales del siglo XIX tenían como función manejar las grandes máquinas de linotipia para componer textos antes de su impresión eran denominados linotipistas. Frente a las máquinas tipográficas de imprenta que funcionaban letra por letra, la linotipia tenía una línea metálica con matrices que incluían moldes de letras con distintos tamaños de fuente. Las matrices de las máquinas de linotipia tenían hasta 16 tamaños de fuente, en algunos casos entre 16 y hasta 24, en un teclado con 90 teclas dispuestas en 6 filas y 15 columnas. En las imprentas y redacciones de prensa, los linotipistas tenían un código tipográfico para prevenir a los demás trabajadores de la llegada al taller de alguien importante, como el encargado de la empresa o una inspección policial.

Ese código era el número 22, dado que en la imprenta con linotipia la talla de las letras o tamaño de fuente era designada por números. El tamaño de fuente 22 es uno de los más grandes para procesar textos, apropiado a grandes titulares de periódicos. Era ideal para advertir la jerarquía y autoridad de quien se había presentado y sirvió también para dar la voz de alarma si aparecían los agentes del orden. Las máquinas de linotipia pasaron a la historia de la tipografía a mediados de la década de 1970, sustituidas por la litografía, las máquinas de mecanografía o máquinas de escribir mecánicas de escritorio más portables y éstas últimas, por supuesto, por los procesadores de texto en computadoras electrónicas.

Cuando se percibe el olor a alcohol, tabaco, cenizas y pintura de aerosol, los policías saben que se están aproximando a zonas conflictivas, donde los vándalos juegan al escondite, o montan fiestas en algunos recovecos. Por culpa del vandalismo y las pintadas de graffiteros se cerraron las catacumbas entre septiembre y diciembre del año 2009. En la noche del 10 al 11 de septiembre de 2016, un hombre falleció en las catacumbas de París por una crisis cardíaca al haber consumido estupefacientes.

Para dar lustre a las maltrechas galerías de las catacumbas de París, recientemente se había rehabilitado un antiguo acceso al exterior, situado en el número 21 bis de Avenue René Coty, al tiempo que se evitaba una parte del recorrido poco recomendable para el público, en un total de 1,5 km de visita guiada para turistas, dando prioridad a unos 800 metros de túnel donde están almacenados cientos de restos óseos, el huesario, ilustrado con citas poéticas de Lamartine, Virgilio y pasajes de los Evangelios, organizado desde el año 1809 por Héricart de Thury (1776-1854), inspector general de las catacumbas, durante su proyección empleó el método hagues et bourrages, estableciendo pilas de cráneos y huesos contra los muros de los túneles, aprovechando las canteras de piedra caliza. Se incluyeron en la remodelación una zona exterior con unos aseos y una tienda especializada en la historia del mayor cementerio de París, una boutique donde se pueden encontrar libros como Dernier Requiem pour les innocents de Andrew Miller, Au cœur des ténèbres – Les catacombes de Paris de Sylvie Robin, Jean-Pierre Gely et Marc Viré, o también Le livre des Vanités d’Elisabeth Quin. Paradójicamente, el 13 de junio, víspera del rescate a los adolescentes atrapados, se había inaugurado la exposición Histoire de Squelettes (Historia de los esqueletos) justo en la entrada del huesario, en colaboración con INRAP (Instituto Nacional de investigaciones arqueológicas preventivas), que incluyó un traslado de restos óseos desde el antiguo cementerio de l’Hôpital de la Trinité, cuyos enterrados ya habían sido parcialmente transportados durante el siglo XIX hasta el huesario de las catacumbas.

huesario catacumbas de París

Un proyecto ambicioso remodelará nuevamente las catacumbas de París para el verano del año 2019, a través del director de monumentos históricos Christophe Batard, con la restauración de dos pabellones en la antigua Barrière d’Orléans, edificados por Claude Nicolas Ledoux en 1787, próximos al acceso principal, junto con la inauguración del museo de la liberación de París.

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