Leishmania | Etiología y cuadro clínico

Publicado con fecha 13 junio 2009

 


La leishmaniasis es una enfermedad cuyo nombre fue acuñado por el apellido del especialista en patología celular William Boog Leishman, quien descubrió un parásito responsable de la enfermedad en el año 1903, el flebótomo, mosquito hematófago, que actúa de vector o transmisor de la enfermedad parasitaria. A través de su picadura, la hembra del flebótomo tanto extrae sangre de animales y produce células parasitarias diferenciadas en su organismo de manera cíclica, como inocula dichas células parasitarias en mamíferos que padecen la enfermedad de forma crónica como reservorios, notablemente los perros. La leishmaniosis canina fue identificada en Europa desde el año 1903 y en 1940 se detectaron aproximadamente hasta un 40% de perros positivos en leishmaniosis en Roma, Italia. Aunque los países más afectados por la leishmaniosis canina están al sur de Europa en la cuenca mediterránea, hay casos de perros enfermos incluso en países de América del norte. La infección provocada por el parásito puede afectar gravemente la salud del perro y la del hombre, aunque sólo las personas con inmunodeficiencias en países de clima tropical tienen grave riesgo, incluyendo países de África como Mali, Chad, Nigeria, Etiopía, Angola, Tanzania, Madagascar, países de Asia como Pakistán, India, Nepal, Laos, Papua Nueva Guinea, entre los más afectados. La transmisión de la enfermedad se produce por un flebótomo de los géneros Phlebotomus (Europa) y Lutzomyia (América), un insecto hematófago (se alimenta de la sangre de un animal, generalmente mamífero), contra el cual existen repelentes para proteger al perro de manera preventiva ya que hasta el año 2009 no se ha desarrollado aún una vacuna.

Los perros con más riesgo de contraer la enfermedad son aquellos que viven todo el tiempo en una parcela, finca o en un corral de una vivienda rural, sobre todo aquellos que duermen fuera toda la noche, tumbados al raso, ya que el hábito del mosquito es picar al anochecer y al amanecer, especialmente durante los meses de mayo a octubre en el hemisferio norte y de noviembre a marzo en el hemisferio sur. Con estadísticas aproximadas, empresas de medicación veterinaria como Virbac, estiman que hay unos dos millones de perros con leismaniasis en Europa. Los países de mayor riesgo se encuentran al sur, cerca del mar mediterráneo, como Portugal, España (provincias de Toledo, Cáceres, Málaga, Córdoba, comunidad Valenciana y el litoral mediterráneo hasta Cataluña, entre las zonas más afectadas), Francia (sureste, sobre todo Marsella), Italia (la costa, incluyendo la ciudad de Génova), Albania, Grecia, donde la leishmaniosis canina es muy elevada. La leishmaniasis visceral canina, debida a Leishmania infantum, tiene zonas endémicas en algunos países mediterráneos con una seroprevalencia superior al 30% en algunas zonas cercanas a la costa. En regiones de clima tropical o subtropical hay zonas endémicas, así ocurre en países de América del Sur como Argentina, Bolivia, Brasil, y Perú.

Los flebótomos son sensibles a antiparasitarios como la deltametrina que portan los collares protectores y a otros insecticidas; para la protección de animales domésticos como los perros se suelen recomendar el collar Scalibor y las pipetas Advantix o Stronghold. También es buena idea instalar mosquiteras y otros repelentes aunque los perros duerman dentro de la casa. El diagnóstico de la enfermedad se realiza con un test en una clínica veterinaria y a través de campañas de asociaciones protectoras de animales. Los kits de detección consisten en ensayos inmunocromatográficos que emplean anticuerpos monoclonales IgG anticaninas marcados con oro coloidal y el antígeno de la leishmania de diferentes fuentes.

flebótomoEstos parásitos responsables de la leishmaniasis, los flebótomos (del griego phlebos, vena y tomos, cortar) son una subfamilia de dípteros nematóceros de la familia Psychodidae. También llamados moscas de arena (sandfly en inglés), en países de América Central se conocen popularmente como papalotillas (de la lengua náhuatl papalotl, que significa mariposa), en América del Sur también se conocen como chitre, palomilla, manta blanca, quemador, pringador, jején, entre otros nombres. Los flebótomos se alimentan de fuentes naturales de azúcar, pero sus hembras requieren de la ingestión de sangre para poder madurar sus huevos, de lo que se deduce que los machos no transmiten la enfermedad. La alimentación con sangre es precedida por la salivación en la piel del hospedador, pues la saliva del flebótomo contiene anticoagulantes y vasodilatadores que facilitan la hemorragia.

Los flebótomos se reproducen en suelos arenosos, húmedos y protegidos, en las bases de las paredes, la mampostería deteriorada, las grietas húmedas, alcantarillas, etc. Generalmente el mosquito hematófago frecuenta los humedales, las marismas, pero también zonas periurbanas y rurales buscando refugio en lugares oscuros, frescos, espacios donde se guarda la leña, establos y en los corrales, donde podría encontrar animales hospedadores a pocos metros. Mientras la temperatura sea mayor de 18 grados, la humedad constante y haya bastante materia orgánica pueden desarrollarse, lamentablemente incluso en un parque urbano, ya que basta con la acumulación de agua de riego en la hierba, los baches embarrados y la hojarasca. El insecto adulto tiene una vida corta, rara vez superior a 3 semanas, aunque pese a su escasa longevidad las hembras de flebótomo pueden infectar a más de un hospedador para colocar su descendencia. Activo durante el atardecer y la noche, evita el viento y la luz solar directa, en climas donde hay mucha sequía suelen perecer rápidamente, pero su población aumenta después de períodos de lluvia antes y después del verano, generalmente hasta la transición al otoño, siendo el periodo más peligroso del año, pero también al inicio de la primavera, pues entran en actividad tras el periodo invernal. Los flebótomos sobreviven durante el año salvo en el frío invierno, cuando las temperaturas son muy bajas (menos de 10ºC por el día y bajo cero grados celsius por la noche). En los territorios más próximos a los polos, en ambos hemisferios, no soportan las temperaturas extremas, pero en zonas tropicales de muchas precipitaciones, regiones costeras, próximas al ecuador del planeta donde haya humedad y temperatura templada, son temibles todo el año.

Su ciclo de desarrollo tiene 4 estados: huevo, larva, pupa y adulto, y puede tardar en completarse unos dos meses en condiciones favorables, que dependen del clima y de que el parásito encuentre un mamífero hospedador. La hembra pone aproximadamente 40-70 huevos, son alargados y de color marrón brillante, eclosionan pasada una semana. La larva, semejante a una oruga, es diminuta, de unos 0,5 mm de longitud. La pupa es de color amarillo pálido y tiene la cutícula vieja de la larva pegada al extremo del abdomen.

La leishmania presenta dos formas fundamentales: amastigotes en el animal vertebrado hospedador del parásito y promastigotes en el vector, los flebótomos hembra infecciosos. Dentro del ciclo de la leishmania, las etapas de la enfermedad en el animal comienzan cuando, al realizar una picadura en la piel, el mosquito parasitario, un flebótomo hembra, inyecta en la sangre la forma infecciosa, los promastigotes. Los promastigotes son fagocitados por los macrófagos del sistema inmunitario, comienzan a multiplicarse en diferentes tejidos incluyendo dentro de los macrófagos y se transforman en amastigotes, otro parásito infeccioso. En esta etapa se puede realizar el diagnóstico. Los amastigotes se multiplican en las células infectadas y afectan a distintos tejidos. Se originan entonces las manifestaciones clínicas de la leishmaniasis, cuyas infecciones pueden ser cutáneas (piel), mucocutáneas (mucosas) o viscerales (órganos del cuerpo, provocando fiebre, anemia por niveles bajos en hematíes, daño hepático, renal y esplenomegalia en el bazo). Los perros presentan síntomas como pérdida notable de peso, depresión en el ánimo, diarreas crónicas, zonas sin pelo, enrrojecidas y con intensa caspa, sobre todo en la cara, cojeras intermitentes en las patas, úlceras en la piel, con heridas por la cabeza, orejas, hocico y patas. Los perros enfermos de leishmaniasis pueden tener hemorragias nasales, fiebre intratable mientras se observa un aumento del tamaño de los ganglios externos. Un perro puede incubar la enfermedad y aparentar estar sano, teniendo un estado asintomático durante unos meses.

Las adenopatías se presentan de forma localizada o generalizada. Se producen como consecuencia de un aumento del número de las células macrófagas y una disminución linfocitaria. El aumento del tamaño del bazo se debe a un desarrollo de la pulpa roja (macrófagos y plasmocitos) y reducción de los linfocitos. Estas alteraciones corresponden a un descenso de la respuesta inmunitaria de mediación celular.

Hay dos grupos de signos clínicos, según si se trata de leishmania cutánea o visceral:

leishmania cutánea: descamación o mal aspecto de la piel, heridas en la espalda y patas que no cicatrizan, ganglios más hinchados (linfadenomegalia), hinchazón en la trufa, crecimiento excesivo de las uñas, etc.

leishmania visceral: atrofia muscular, anemia, vómitos, sangre en las fosas nasales, apatía, incremento de la ingesta de agua, aumento del volumen de orina, diarrea, colitis crónica, etc.

Los perros sin síntomas pueden ser diagnosticados por técnicas de diagnóstico precoz, siendo los perros detectados en esta fase los que presentan mejores perspectivas para curarse, ya que se los comienza a tratar cuando el parásito no ha lesionado ningún tejido en forma severa. El periodo de incubación de la enfermedad hasta la aparición de los signos clínicos es muy variable: puede ir desde 3 meses hasta 7 años. La seroconversión, cuando aparece, lo hace entre el primer mes hasta veinte meses después de la infección, aunque por lo general la media son 5 meses.

perro enfermo de leishmaniasis visceral canina
Fotografía de un perro que presenta un cuadro clínico de leishmaniasis visceral canina

El género de parásitos dixénicos que causan la leishmaniasis completa su ciclo biológico en dos etapas diferentes: dentro de las células inmunitarias del sistema fagocitario de un vertebrado que actúa como reservorio (1) y en el tracto digestivo de un insecto flebótomo (2), que actúa como vector o transmisor.

La estructura externa de la leishmania la forma una membrana plasmática que en la parte anterior se repliega formando el reservorio del flagelo, del que nace éste pasando por encima del cuerpo basal. La estructura tiene consistencia gracias a la presencia de un citoesqueleto formado por el sistema microtubular subpedicular. En las células de leishmania se distinguen dos morfologías: promastigote (con flagelo anterior) que se encuentra en el insecto portador, y amastigote (sin flagelo) que se encuentra en el vertebrado hospedador, generalmente un mamífero como el perro, el gato, el conejo, la liebre o el hombre:

Promastigote, alargada con un cilio o flagelo anterior, tamaño variable de 15 a 20 mm de largo por 1,5 a 3 mm de ancho, presente en el intestino del invertebrado vector, el mosquito flebótomo hembra. Después de una fase de mutiplicación estas células alcanzan las partes anteriores y bucales del tubo digestivo. Esta migración se acompaña de un proceso de diferenciación celular durante el cual se forman los promastigotes metacíclicos que son muy infectivos para los animales vertebrados. La virulencia de los promastigotes metacíclicos es debida en parte a su resistencia frente a los mecanismos microbicidas de los macrófagos en los mamíferos infectados.

Amastigote, ovoide y con un cilio muy corto, sin flagelo libre o que no sobresale de la bolsa flagelar, de modo que sólo es apreciable en el microscopio eléctrónico, tiene un tamaño de 2 a 5 mm de largo por 1,5 a 2,5 mm de ancho, se reproduce dentro de macrófagos y células del sistema retículoendotelial del huésped vertebrado, el mamífero que ha recibido la picadura del mosquito y padece una infección. El citoplasma contiene en su interior un núcleo redondeado, cinetoplasto claramente visible y un pequeño cinetosoma puntiforme y menos visible.

En la biología molecular de Leishmania se observan diferentes orgánulos, el más importante de los cuales es una mitocondria muy ramificada y con una sección llamada kinetoplasto que contiene parte del ADN del parásito. Leishmania tiene un núcleo con un único nucléolo que contiene el resto del ADN. El retículo endoplásmico alrededor del núcleo y el aparato de Golgi cerca del kinetoplasto completan los orgánulos fundamentales del parásito. Las estructuras del promastigote y del amastigote son muy parecidas, la única diferencia radica en que en el amastigote hay un menor número de orgánulos por lo que carece de flagelo libre y sistema microtubular subpedicular.

Diagrama del ciclo biológico del parásito Leishmania

La leishmaniosis canina es una de las enfermedades más temidas por quienes tienen perros, pues no hay mucha comprensión, ni tan siquiera a nivel de divulgación científica, sobre las causas de la enfermedad y su vía de transmisión. Al tener noticia de que un perro en el vecindario padece leishmania, algunos propietarios actúan con recelo, comunicando de manera velada a quien va acompañado del perro que padece leishmania que podría contagiar a los demás perros de otros vecinos y que no es bienvenido en los parques ni recintos urbanos habilitados para perros. En general, este tipo de propietarios creen en su necia actitud que el transmisor de la enfermedad es el perro, que éste podría contagiar la enfermedad si mordiera a otro perro o con su sola presencia y que por tanto está justificada su estigmatización, aislamiento y separación del entorno social. Este tipo de descerebrados tratan a los perros con leishmaniosis como leprosos y apestados, evitando relacionarse o interactuar con ellos, no fuera a ser que el enfermizo perro provocara un contagio, llegando a desear y recomendar su sacrificio, a pesar de que su opinión nunca fue preguntada. Todo ello sin informarse ni leer nada.

Sin embargo, el transmisor de la enfermedad es el flebótomo, vector imprescindible: para que se produzca un contagio desde un animal que padece leishmania, el mosquito hembra tiene que extraer sangre del reservorio y tras el ciclo de producción de células parasitarias, picar a otro animal. El flebótomo tiene que superar varias barreras antiparasitarias, las pipetas y collares, así como repelentes con citronela y N-dietil-meta-tuloamida, para transmitir su parásito: la protección que debe llevar el perro que padece leishmania y la protección que deben llevar los demás perros. Lo que sí debe evitar la persona que pasea con un perro que padece leishmaniosis es llevarlo a entornos con condiciones ambientales propicias para que críen y se desarrollen los flebótomos, no solamente en la estación de verano, pues la canícula abrasadora, con temperaturas muy elevadas en lugares secos, sin suficientes lluvias ni humedad ambiental, no es favorable al flebótomo. Evitar los terrenos periurbanos, bosques o forestaciones donde hubo brotes de leishmania en el pasado, lugares de tierra arenosa, marisma, humedales, donde haya agua estancada a nivel subterráneo, sobre todo en el tránsito estacional tras lluvias y subida de temperatura templada (18-25ºC) en primavera, donde las hembras de flebótomo están más activas tratando de extraer sangre de mamíferos, especialmente el perro, para después poner sus huevos.

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