Hachikō, el perro fiel

Publicado con fecha 4 febrero 2010

 


HachiHachikō, a veces conocido en japonés como ハチ (Hachikō, el perro fiel), fue un perro de raza Akita nacido en noviembre de 1923 en la ciudad de Odate (Prefectura de Akita, Japón). En el año 1924 fue trasladado a Tokio como un obsequio para Eisaburō Ueno, profesor del departamento de agricultura de la Universidad de Tokio. Desde la Prefectura de Akita hasta la estación de Shibuya viajó durante dos días en tren, en una caja. Cuando lo fueron a retirar las personas del servicio doméstico en casa del profesor, estos creyeron que el perro estaba muerto.

Sin embargo, cuando llegó a su domicilio, el profesor acercó al perro un vaso con leche, y éste se reanimó: no había fallecido asfixiado pese a las condiciones del viaje. El profesor lo tomó en su regazo y notó que las patas delanteras estaban levemente desviadas, por lo que decidió llamarlo Hachi (ocho en japonés, que muchas personas pronuncian como si la letra ‘h’ fuese una ‘j’) por la similitud con el Kanji (grafía japonesa) que sirve para representar al número ocho (ハ). En realidad, el perro estaba destinado a la hija del profesor como regalo tras la muerte de una perra anterior, pero pronto abandonó la casa paterna al quedar embarazada y casarse para irse a vivir a la casa paterna de su esposo. Así, al comienzo, Hachi iba a ser regalado, pero el profesor pronto se encariñó con el perro hasta llegar a una adoración recíproca.

El perro lo saludaba cada día desde la puerta principal y lo despedía al final del día en la cercana estación de Shibuya cuando el docente iba a su trabajo. La pareja continuó su rutina diaria hasta mayo de 1925, cuando el profesor Ueno no regresaba en el tren de costumbre. El profesor había sufrido un derrame cerebral en la universidad ese día, murió y nunca regresó a la estación de tren donde su amigo estaba esperando. Al lado de la tumba del profesor Ueno, en el cementerio de Aoyama, Minmi-Aoyama, Minato-Ku, Tokio se construyó un monolito posteriormente recordando a Hachiko, como un reencuentro espiritual en el más allá entre amo y perro.

Hachi fue entregado después de la muerte de su maestro, los perros de raza Akita son considerados talismanes en Japón además de excelentes guardianes, pero él se escapó de forma continuada de la casa del nuevo dueño, demostrando querer volver una y otra vez a su viejo hogar. Después de un tiempo, Hachi, aparentemente se dio cuenta de que el profesor Ueno ya no vivía en la casa, así que fue a buscar a su señor en la estación de tren, donde le había acompañado tantas veces antes. Cada día, Hachi esperaba en la estación de trenes a que el profesor Ueno regresase. Y cada día pasaba sin ver al maestro entre los viajeros que salían de los trenes de llegada en la estación.

Al estar permanentemente en la estación de tren, Hachi atrajo la atención de otros viajeros. Muchas de las personas que frecuentaban la estación de tren de Shibuya en Tokio habían visto a Hachi y al profesor Ueno juntos cada día durante años. Trajeron comida para Hachi, tanto pienso para perros como gastronomía japonesa, notablemente yakitoris, brochetas de pollo que los viajeros compartían con el perro al regresar a casa del trabajo, y lo atendían durante su espera en los andenes de la estación de tren, premiando su fortaleza y lealtad inquebrantables.

Hachiko

La devoción que Hachikō sentía hacia su amo fallecido conmovió a los que lo rodeaban, que lo apodaron el perro fiel. En abril de 1934, una estatua de bronce fue erigida en su honor en la estación de Shibuya, y el propio Hachikō estuvo presente el día que se presentó la estatua. El metal de la escultura original fue reutilizado a causa de la Segunda Guerra Mundial, pero se erigió otra estatua en agosto de 1947, que aún permanece y es un lugar de encuentro extremadamente popular para los nacionales como para los turistas, tanto que en ocasiones la aglomeración de gente dificulta ver la escultura, sacralizando la figura del perro, por el aura en torno a la obra.

estatua Hachi

También se construyó una estatua similar delante de la estación de Odate, el lugar de nacimiento del perro. Hachikō murió de filariasis en marzo de 1935, una enfermedad parasitaria en el corazón, aunque las conclusiones del estudio de la necropsia arrojan que pudo padecer cáncer. Con todo, su longevidad se aproximó a la esperada para un perro Akita, igual que su fuerte carácter. Sus restos disecados se encuentran en el Museo de Ciencias Naturales de Ueno, Tokio, donde también hay otros animales ilustres. Hachikō es el protagonista de la película de 1987 Hachikō monogatari, dirigida por Seijiro Kojama, sin embargo tuvo sólo repercusión en Japón. En noviembre de 2009 salió una nueva película llamada: Siempre a tu lado, Hachiko, la más conocida en los países occidentales, protagonizada por el actor Richard Gere. Es a partir de esta película cuando la vida de Hachiko pasa a ser un fenómeno global.

Hachiko al final de su vida, enfermo en la estación de Shibuya, Tokio

Hachiko, fallecido el 8 de marzo de 1935
Velatorio de Hachikō en la sala de equipajes de la estación Shibuya, el 8 de marzo de 1935. En la primera fila, la segunda mujer desde la derecha, es Yaeko, la viuda de Hidesaburo Ueno. La foto fue publicada al día siguiente en el diario Yamato Shimbun.

Hachiko disecado

Hachiko museo ciencias naturales Ueno

En Japón, los hombres virtuosos no proclaman que no deben nada a nadie, no se olvidan del pasado, de su deuda hacia el pasado. La rectitud en Japón depende del reconocimiento del lugar que cada uno ocupa en la gran red de obligaciones mutuas que abraza juntamente a los antepasados y a los contemporáneos. Tanto los chinos como los japoneses tienen muchas palabras que significan ‘obligaciones’, pero estas palabras no son sinónimas, y su significado específico no tiene traducción literal en inglés o en español. La palabra para ‘obligaciones’ que abarca la deuda de una persona, desde la mayor hasta la menor, es on. On significa un peso, una deuda, una carga que uno lleva lo mejor que puede, cuando alguien tiene una deuda con otra persona, dice “llevo un on hacia él”, “tengo una carga de obligaciones hacia él”, a este benefactor le llaman su “hombre on”.

“Acordarse del on de uno” puede significar una inmensa devoción recíproca. Un cuento japonés incluido en un libro de lectura del segundo año escolar y titulado “No olvides el on” emplea la palabra en este sentido. Hachiko inspiró esta narración para estudiantes sobre las obligaciones y la lealtad hacia los benefactores. Es un cuento para los niños, usado en clases de ética y relata la historia real de Hachikō, el perro Akita, un modelo de lealtad:

Hachi es un perro gracioso. Tan pronto como nació se lo llevó un extraño, quién lo trató como a uno de sus hijos. Por esta razón, incluso su débil cuerpo se hizo sano, y cuando su amo se iba al trabajo todas las mañanas, Hachi le acompañaba a la estación de tranvías, y por la tarde, cuando se aproximaba el momento en que él, su amo, volvía a casa, regresaba de nuevo a la estación para esperarle.

Con el tiempo, el amo murió. Hachi, -no sabemos si ignoraba lo ocurrido- seguía yendo a buscar a su amo todos los días. Iba como siempre a la estación a ver si su amo estaba entre la multitud que salía del tranvía. De esta manera se sucedieron los días y los meses, pasó un año, pasaron dos, tres años, incluso cuando ya habían pasado diez años, la vieja figura de Hachi se podía ver todos los días en la estación todavía buscando a su amo.

La moral de este cuento es la lealtad, que no es sino otro nombre del amor. Un hijo que quiere profundamente a su madre hablará de no olvidar el on que ha recibido de ella, con lo cual está expresando la misma devoción absoluta que Hachi tenía por su amo. El término, sin embargo, no se refiere específicamente al amor del hijo, sino a todo lo que su madre hizo por él cuando era un niño, sus sacrificios durante la adolescencia de éste y todo lo que ella hizo en pro de sus intereses al hacerse hombre, todo cuanto le debe a ella por su sola presencia. Implica devolver, al menos en parte, lo que se debe, y por esto significa amor. Pero su significado principal es ‘deuda’, mientras que en el pensamiento occidental pensamos en el amor como algo que se da libremente, sin la servidumbre de la obligación.

Dentro del cuadro de obligaciones japonesas y sus recíprocos, la devolución activa del on, se considera ko el deber hacia los padres y los antepasados. Ko es una obligación específica de gimu, obligaciones de devolución parcial, una milésima parte de lo recibido, y donde no hay límite de tiempo. Para aprender más acerca de las obligaciones en la cultura japonesa, se puede consultar la obra de antropología, El crisantemo y la espada, de Ruth Benedict.

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Categoria: Literatura



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