Hachikō, el perro fiel

Hachi

Hachikō, conocido en japonés como ハチ Hachikō, el perro fiel, fue un perro de raza Akita nacido en noviembre de 1923 en una granja del municipio de Odate, Prefectura de Akita, Japón. Sus progenitores fueron papá Oshinai (nombre de la tierra hogareña) y mamá Goma (que significa sésamo). El cachorro akita inu fue vendido por 30 yenes en el año 1924 -cantidad mucho mayor en su época que el cambio de divisas actual- y trasladado al área metropolitana de Tokio como un obsequio para Eisaburō Ueno, profesor del departamento de agricultura de la Universidad de Tokio. Desde la Prefectura de Akita hasta la estación de Shibuya el cachorro akita inu viajó durante más de un día en tren, metido en una caja. Cuando las personas del servicio doméstico en casa del profesor Ueno, trataron de sacarlo de la caja donde fue transportado, creyeron que el perro estaba inconsciente.

Sin embargo, cuando llegó a su domicilio, el profesor acercó al perro un cuenco con leche; Hachi se reanimó: no había fallecido asfixiado pese a las temerarias condiciones del viaje. El duro guardián rural iba a hacerse un nombre en el ritmo de vida frenético de la capital. El profesor lo tomó en su regazo y notó que las patas delanteras estaban levemente desviadas, por lo que decidió llamarlo Hachi (ocho en japonés, que muchas personas pronuncian como si la letra ‘h’ fuese una ‘j’) por la similitud con el kanji ハ grafía japonesa que sirve para representar al número ocho.

En realidad, el perro estaba destinado a la hija del profesor Ueno como regalo tras la muerte de una perra anterior, pero pronto abandonó la casa paterna al quedar embarazada, contrajo nupcias para irse a vivir a la casa paterna de su esposo. Así, al comienzo, Hachi iba a ser regalado, pero el profesor Ueno pronto se encariñó con el perro hasta llegar a una adoración recíproca.

Su perro akita lo saludaba cada día desde la puerta principal y lo despedía al final del día en la cercana estación de Shibuya cuando el docente iba a su cátedra universitaria. Inseparables, continuaron su rutina diaria hasta el 21 de mayo de 1925, cuando el profesor Ueno no regresaba en el tren de costumbre. El profesor había sufrido un derrame cerebral en la facultad de agrónomos de la Universidad de Tokio ese día mientras impartía una clase magistral, murió en su última lectio y nunca regresó a la estación de tren donde su amigo estaba esperando. Al lado de la tumba del profesor Ueno, en el cementerio de Aoyama, Minmi-Aoyama, Minato-Ku, Tokio se construyó un monolito posteriormente recordando a Hachiko, como un reencuentro espiritual en el más allá entre amo y perro.

Tumba de Ueno Hidesaburō en el cementerio de Aoyama

Hachikō Monogatari

Hachikō Monogatari ハチ公物語 película del año 1987 dirigida por Seijiro Koyama, narra la historia desde que Hachi era un cachorro hasta su muerte tras más de nueve años de espera en la estación de tren de Shibuya, Tokio. Alcanza la fabulación de un reencuentro más allá de la muerte con el maestro Ueno. La película fue el último gran éxito para el estudio cinematográfico japonés Shochiku Kinema Kenkyû-jo.

Hachi fue entregado después de la muerte de su maestro 上野 英三郎 Ueno Hidesaburō (19 de enero de 1872 – 21 de mayo de 1925) pues los perros de raza Akita son considerados talismanes en Japón además de excelentes guardianes, pero él se escapó de forma continuada de la casa del nuevo dueño, demostrando querer volver una y otra vez a su viejo hogar. Después de un tiempo, Hachi, aparentemente se dio cuenta de que el profesor Ueno ya no vivía en la casa, así que fue a buscar a su señor en la estación de tren de Shibuya en Tokio, donde lo había acompañado tantas veces antes. Cada día, durante nueve años, Hachi esperó en la estación de trenes a que el profesor Ueno regresase puntualmente a las tres de la tarde. Y cada día Hachi pasaba por las dársenas y deambulaba entre los viajeros sin ver al maestro Ueno entre los viajeros que salían de los trenes de llegada en la estación. Ya en la época de la paz ilustrada japonesa de la era Showa el tráfico diario de viajeros en la estación de trenes de Shibuya superaba el millón de personas.

Hachiko

¿Todos los viajeros de la estación de tren de Shibuya, en la metropolis de Tokio, eran amables con Hachi? Estadísticamente sonaría poco creíble y dada la condición humana, no todas las personas son simpáticas con los perros; en ninguna cultura del mundo. Es uno de los puntos oscuros donde los relatos publicados en libros, noticias e incluso su biopic, pasan de puntillas, omiten o evitan directamente la cuestión en una historia agridulce. La respuesta es negativa. Nada sorprendente que al inicio una marabunta que colapsa un nexo de transporte como la estación de Shibuya no viera con buenos ojos o directamente entrara y saliera en tropel esquivando a un perro vagabundo, cuando no lo persiguieran para expulsarlo para que no pasara al vestíbulo de la estación.

Las desventuras del joven Hachi

En los primeros años de búsqueda incansable del maestro Ueno, Hachi fue rechazado y hostigado por la turbamulta de viajeros japoneses que tenían como punto de destino la estación de Shibuya en Tokio. Al estar permanentemente en la estación de la principal estación de tren del país nipón, Hachi atrajo la atención de otros viajeros. Muchas de las personas que frecuentaban la estación de tren de Shibuya en Tokio habían visto a Hachi y al profesor Ueno juntos cada día entre los años 1924 y 1925. No fue hasta que Hachi fue reconocido por uno de los estudiantes del profesor Ueno, Hirokichi Saito, un fanático de la raza canina Akita, consejero de Nihon Ken Hozonkai (Asociación para la Conservación del Perro Japonés), vio al perro en la estación de Shibuya, tras esperar toda la tarde, aguardó para seguir al intrépido guardián en su viaje de regreso.

Hachiko

El pupilo de Ueno siguió al perro alma gemela hasta descubrir que Hachi regresaba a la casa de Kuzaboro Kobayashi, residente en Tomigaya, a poca distancia de Shibuya y del anterior domicilio conocido por Hachi, donde fue jardinero en la vivienda familiar del profesor Ueno. Hirokichi Saito escucha de la voz de Kuzaboro Kobayashi la historia del perro Hachi y el profesor Ueno Hidesaburō, comprende entonces el porqué de la espera de Hachi todas las tardes en la estación de tren de Shibuya, Tokio. Hirokichi Saito a menudo regresaba a visitar Hachikō a la estación para proteger su integridad dado que el perro akita no aceptaba otro dueño que no fuera el difunto profesor Ueno. Conmovido por las desventuras del joven Hachi, con el paso de los años escribió numerosos artículos sobre la extraordinaria lealtad del perro akita. En 1932, uno de sus artículos fue publicado en Asahi Shimbun, periódico japonés, se trataba de un alegato apologético de Hachi, una defensa de la buena reputación del leal perro de la estación de Shibuya.

Acuñación de Hachikō

La noticia se convirtió en un hito que alcanzó fama nacional al tocar la fibra sensible de los nipones. Para regocijo de Hirokichi Saito, quien consideró que había una deuda hacia Hachi y sus antepasados. El “ko” チ detrás del nombre “Hachi” ハ es acuñado tras la publicación de la noticia, en un eco mediático que recorre Tokio y todo Honshu. Entonces la raza canina akita contaba en la metropolis según un recuento de Nihon Ken Hozonkai con apenas una treintena de ejemplares de pura raza japonesa, incluido el emblemático Hachikō, que provenía de la campiña de Odate, cuna del akita inu.

Nihon Ken Hozonkai se fundó en 1928, cuando Japón ya había abierto sus puertos a extranjeros occidentales, con la creciente hibridación y mestizaje de las razas autóctonas de animales domésticos. Hirokichi Saito tenía ideología conservadora así como los miembros fundadores, eran entusiastas que deseaban mantener los registros de las seis razas de perros japoneses nativas: Akita Inu, Hokkaido, Kai Ken, Kishu, Shikoku y Shiba Inu. El Estándar Nippo sirvió como un estándar de raza con sus rasgos obligatorios y faltas excluyentes para las seis razas caninas nativas de Japón.

La raza canina Akita Inu fue reconocida como patrimonio nacional de Japón en el año 1931, y la raza canina Shiba Inu lograría el mismo reconocimiento en el año 1936. Nippo fue designada como una sociedad de utilidad pública por el gobierno nipón en el año 1937. La primera feria canina a nivel nacional fue celebrada en Tokio el 6 de noviembre de 1932. Hachiko tenía entonces 9 años de edad. Puede aseverarse que desde la muerte del profesor Ueno en mayo de 1925 hasta que su situación fue conocida para la opinión pública en 1932 a través del artículo del exégeta apologeta Hirokichi Saito publicado en el periódico Asahi Shimbun, Hachi no era todavía apreciado por los pasajeros que utilizaban los trenes en la estación ferroviaria de Shibuya en Tokio.

Apología de Hachikō

La realidad histórica es: Hachi fue un perro muy querido en sus primeros 16 meses de vida, vilipendiado durante los siete años posteriores a la muerte del maestro Ueno al no ser cuidado por sus descendientes, salvo el jardinero Kuzaboro Kobayashi, solamente Hachi logró simpatía y respeto en los tres últimos años de su vida, cuando se convirtió en un reclamo para los pasajeros de los trenes de Shibuya, Tokio, por haber aparecido en el periódico Asahi Shimbun gracias al empeño de Hirokichi Saito por contar su historia de vida.

Hachiko

Su lealtad a la memoria del maestro Ueno impresionó tanto a la opinión pública que todos los días, además de los viajeros del tren, varias personas curiosas acudían a Shibuya para ver y acariciar a Hachikō, ahora un símbolo nacional de lealtad familiar y lealtad absoluta. La historia de Hachikō se convirtió en un cuento de hadas narrado por maestros, abuelos a niños, un ejemplo de lealtad incomparable en el código ético de exigencia moral y autorespeto de Japón.

Hachiko

Trajeron comida para Hachi, tanto pienso para perros como gastronomía japonesa, notablemente yakitoris, brochetas de pollo que los viajeros compartían con el perro al regresar a casa del trabajo, y lo atendían durante su espera en los andenes de la estación de tren, premiando su fortaleza y lealtad inquebrantables.

Hachiko

Hachiko

Hachiko

Hachiko

Hachiko

La devoción que Hachikō sentía hacia su amo fallecido conmovió a los que lo rodeaban, que lo apodaron el perro fiel. En abril de 1934, una estatua de bronce esculpida por el escultor Teru Ando fue erigida en su honor en la estación de Shibuya, y el propio Hachikō estuvo presente el día que se presentó la estatua. El metal de la escultura original fue reutilizado a causa de la Segunda Guerra Mundial en una acuciante economía de guerra en el paradójico océano Pacífico donde se obtenía metal para producir armamento a toda costa.

Monumento a Hachikō

Tristemente la estatua original fue fundida para construir partes de una locomotora en la línea ferroviaria de Tokaido, justo tras los crímenes de guerra de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, en agosto de 1945, cuando el emperador Hirohito comunicó al pueblo japonés aceptar un armisticio con Estados Unidos. Tras el demoledor conflicto bélico se erigió otra estatua en agosto de 1947, encargada al hijo del escultor original, ​​Takeshi Ando, que aún permanece en pie y es un lugar de encuentro extremadamente popular para los nacionales como para los turistas, tanto que en ocasiones la aglomeración de gente dificulta ver la escultura, sacralizando la figura del ínclito perro akita, por el aura en torno a la obra.

estatua Hachi


El pasaje a la estación por la plazita de la estatua se llama “Hachikō-guchi”, que significa “La entrada / salida de Hachikō”, es una de las cinco entradas a la estación de Shibuya.

estatua Hachi


La plazoleta en torno a la estatua es un lugar de quedadas entre amistades y parejas.

También se construyó una estatua similar delante de la estación de Odate, el lugar de nacimiento del conspicuo perro akita, junto con otras esculturas de perros akita, la original fue fundida para obtener metal durante la Segunda Guerra Mundial, pero se esculpieron nuevas reproducciones en el año 1967, esculturas de Hachi y perros akita que jalonan las dársenas de la estación ferroviaria de Odate. Hachikō murió de filariasis en marzo de 1935, una enfermedad parasitaria en el corazón, aunque las conclusiones del estudio de la necropsia arrojan que pudo padecer cáncer. Con todo, su longevidad se aproximó a la esperada para un perro Akita, igual que su fuerte carácter. Sus restos disecados se encuentran en el Museo de Ciencias Naturales de Ueno, Tokio, donde también hay otros animales ilustres. Hachikō es el protagonista de la película de 1987 Hachikō monogatari, dirigida por Seijiro Kojama, sin embargo tuvo sólo repercusión en Japón. En noviembre de 2009 salió una nueva película llamada: Siempre a tu lado, Hachiko, la más conocida en los países occidentales, protagonizada por el actor Richard Gere. Es a partir de esta película cuando la vida de Hachiko pasa a ser un fenómeno global.

Hachiko

Hachiko al final de su vida, enfermo en la estación de Shibuya, Tokio


En febrero de 1934, correspondiente al noveno año de la Era Showa, Hachiko se encuentra gravemente enfermo de filariosis canina.

Hachiko, fallecido el 8 de marzo de 1935


Velatorio de Hachikō en la sala de equipajes de la estación Shibuya, el 8 de marzo de 1935. En la primera fila, la segunda mujer desde la derecha, es Yaeko, la viuda de Hidesaburo Ueno. La fotografía fue publicada al día siguiente en el periódico japonés Yamato Shimbun.

Tras investigar las causas de su muerte, concluyeron que la filariosis canina o gusano del corazón, junto a cáncer no diagnosticado ni tratado a tiempo, acabaron con su vida. El cuerpo de Hachiko fue disecado y se conserva todavía hoy en el Museo de Ciencias Naturales, nombrado Ueno en honor al profesor de ingeniería agrónoma.

Hachiko disecado

Hachiko museo ciencias naturales Ueno

Tras los ritos funerarios y el memorial celebrado en honor de Hachiko en Tokio en el año 1836, su legado cultural lo mitificó para la eternidad.

Hachiko

En el aniversario se celebró una ceremonia, el 8 de marzo de 1936, un memorial por la muerte de Hachikō. Desde entonces, se han realizado varias estatuas de Hachikō en todo Japón, aunque sobre todo en los dos lugares de peregrinaje religioso, que son las estaciones de Odate y Shibuya, Tokio. En febrero de 2015, alrededor de 90 años después de la trágica separación por la muerte del profesor Ueno cuando daba clase en la universidad, se conmemoró un reencuentro simbólico de arte público con un dúo escultórico del profesor Ueno y su leal perro akita Hachi frente a la facultad de Ingenieros Agrónomos en el campus de la Universidad de Tokio.

Hachiko y el profesor agrónomo Ueno

Cada año, el 8 de marzo, se lleva a cabo una ceremonia en la estación de Shibuya que recuerda la lealtad del perro japonés, un verdadero icono cultural de la relación inseparable que une al perro con su dueño.

Legado cultural de Hachikō

En Japón, los hombres virtuosos no proclaman que no deben nada a nadie, no se olvidan del pasado, de su deuda hacia el pasado. La rectitud en Japón depende del reconocimiento del lugar que cada uno ocupa en la gran red de obligaciones mutuas que abraza juntamente a los antepasados y a los contemporáneos. Tanto los chinos como los japoneses tienen muchas palabras que significan ‘obligaciones’, pero estas palabras no son sinónimas, y su significado específico no tiene traducción literal en inglés o en español, aunque la expresión “giri” en sentido de autorespeto, buena reputación, deber hacia uno mismo, se asemeja al honor en la expresión alemana Die Ehre. La palabra para ‘obligaciones’ que abarca la deuda de una persona, desde la mayor hasta la menor, es on.

“On” significa un peso, una deuda, una carga que uno lleva lo mejor que puede, cuando alguien tiene una deuda con otra persona, dice “llevo un on hacia él”, “tengo una carga de obligaciones hacia él”, a este benefactor le llaman su “hombre on”.

“Acordarse del on de uno” puede significar una inmensa devoción recíproca. Un cuento japonés incluido en un libro de lectura del segundo año escolar y titulado “No olvides el on” emplea la palabra en este sentido. Hachiko inspiró esta narración para estudiantes sobre las obligaciones y la lealtad hacia los benefactores.

“On” son las obligaciones contraídas desde el punto de vista del receptor pasivo, persona que tiene o lleva un “on” recibido en el curso de las relaciones personales en la vida. Deudor de las edades, “ko-on” recibido del emperador de Japón, “oya on” recibido de los progenitores, “nushi on” recibido del patrón, “shi no on” recibido del profesor, maestro o mentor. Todas estas personas de quienes uno recibe un on se convierten en “on jin” de uno, el “hombre on”.

Hachiko libro escolar

Es un cuento para los niños, usado en clases de ética y relata la historia real de Hachikō, el perro Akita, un modelo de lealtad:

Hachi es un perro gracioso. Tan pronto como nació se lo llevó un extraño, quién lo trató como a uno de sus hijos. Por esta razón, incluso su débil cuerpo se hizo sano, y cuando su amo se iba al trabajo todas las mañanas, Hachi le acompañaba a la estación de tranvías, y por la tarde, cuando se aproximaba el momento en que él, su amo, volvía a casa, regresaba de nuevo a la estación para esperarle.

Hachiko libro escolar

Con el tiempo, el amo murió. Hachi, -no sabemos si ignoraba lo ocurrido- seguía yendo a buscar a su amo todos los días. Iba como siempre a la estación a ver si su amo estaba entre la multitud que salía del tranvía. De esta manera se sucedieron los días y los meses, pasó un año, pasaron dos, tres años, incluso cuando ya habían pasado diez años, la vieja figura de Hachi se podía ver todos los días en la estación todavía buscando a su amo.

Hachiko libro escolar

La lección ética de este cuento es la lealtad, que no es sino otro nombre del amor. Un hijo que quiere profundamente a su madre hablará de no olvidar el on que ha recibido de ella, con lo cual está expresando la misma devoción absoluta que Hachi tenía por su amo. El término, sin embargo, no se refiere específicamente al amor del hijo, sino a todo lo que su madre hizo por él cuando era un niño, sus sacrificios durante la adolescencia de éste y todo lo que ella hizo en pro de sus intereses al hacerse hombre, todo cuanto le debe a ella por su sola presencia. Implica devolver, al menos en parte, lo que se debe, y por esto significa amor. Pero su significado principal es ‘deuda’, mientras que en el pensamiento occidental pensamos en el amor como algo que se da libremente, sin la servidumbre de la obligación.

Dentro del cuadro de obligaciones japonesas y sus recíprocos, la devolución activa del on, se considera ko el deber hacia los padres y los antepasados. Ko es una obligación específica de gimu, obligaciones de devolución parcial, una milésima parte de lo recibido, y donde no hay límite de tiempo. Para aprender más acerca de las obligaciones en la cultura japonesa, se puede consultar la obra de antropología, El crisantemo y la espada, de Ruth Benedict.

81 Respuestas a “Hachikō, el perro fiel”

  1. Me conmovió, tenemos que cuidar a cada perro aunque sea grande como un Gran Danés o pequeño como un Caniche micro toy, son más que un animal!

  2. Esta historia es super bella, tambien me encantaría algun dia ver en el mismo Japon aquello, es una linda historia, me encanta…

  3. Es una película que nos hace reflexionar sobre el trato a los animales, la verdad yo lloré mucho con esa película y mi padre también, debemos ser respetuosos con los valores que muestra el comportamiento animal.

  4. Me encantó eso demuestra que los animales también tienen corazón, sentimientos morales, y pueden querer a la gente tenemos que ser buenos con ellos.

  5. Esta pelicula es una grande de las grandes es muy dulce, tierna y pues es algo que nos hace llorar mucho por que no tal vez eso ocurrio con un perro si no con un humano ¿no? La pelicula se merece mis respetos en verdad♥

  6. Consegui un perro springer spaniel y en vista de mi conmocion con esta historia lo nombre así… los animales nos dan siempre ejemplo de valores.

  7. Fue algo muy triste, la película me hizo llorar. Hasta la fecha la veo, mis hijos y yo lloramos, es una historia fabulosa, me encantó y así le puse el nombre a la perrita que tengo.

  8. Realmente esta película me llegó al corazón nos demuestra cuán grande puede llegar a ser el amor de nuestras mascotas hacia nosotros.

  9. Para mi persona es una historia excepcionalmente sensible, hermosa y como pocas en el mundo. Siempre que la recuerdo se me acongoja el alma y siento que mi amor por mi mascota (mi amada CLARIS) se incrementa en cantidades incuantificables.

  10. Me ha encantado esta historia me ha partido el corazón y me ha deprimido mucho, porque no valoramos y respetamos a los perritos, te quiero mi perrita Nany y disculpa por haberte dejado y jamás haber regresado…

  11. Ah waaa… está hermosa la peli me encanta ese perro es muy fiel, lloré cuando vi la película. ¡Cómo quisiera ver esa estatua y tomarle fotos! Malo que no se cumplirá mi deseo 🙁 ¡Cómo te amo Hachi! Me da tristeza ver que el perro esperó y esperó a su dueño y jamás llegó pero él no pudo comprender que su dueño murió y Hachi murió esperando a su dueño 🙁

  12. Cuando tenga un perro de cualquier raza lo llamare Hachi porque siempre me recordará la película y es el nombre del mejor perro que siempre fue fiel 🙂

  13. A mi me encantó esta historia y yo sin haberla visto ya sabía que los animales tienen sentimientos. Y vi la pelicula como 6 veces y aun asi lloro aparte de que he perdido a mis lindas “niñas preciosas”, es horrible que se te muera tu amigo(a) fiel. Amo a Hachiko. Tengo ganas de ir al cementerio donde esté el amo de Hachi, a la estacion de Shibuya a ver el monumento y al museo donde exponen a Hachi. Me encantaria tener un perro akita y a lo llamaria Hachiko.

  14. Me llegó al corazón y al alma lloré en la película y luego de ella es algo tan esperanzador pensar que un animal tenga tanto corazón y fidelidad. Lo felicito al que realizó esta película.

  15. Es algo muy lindo lo de la pelicula. Es cierto que el mejor amigo del hombre es el perro, la pelicula muy buena me hizo hasta llorar.

  16. Esta historia es muy conmovedora y con un valor ejemplar; la verdad, así como a muchos a mí también me hizo llorar. Hachi es mejor ejemplo de fidelidad que lindo…

  17. Aws cuando vi esta pelicula lloré muucho :'( Es muy triste aws pobrecito :'( Es muy lindo que el perrito lo siguiera esperando aún con el tiempo vv’

  18. Bueno a mí me conmovió su vida, las etapas que pasó y cómo sufrió el perrito. Eso nos conlleva a valorar a nuestros animalitos porque nos quieren en verdad.

  19. Bueno a mí me gustó y lloré con su historia, Hachiko fue un perro muy fiel a su amo: nos enseñó a valorar a los animales sea cual sea su raza y que los animales también tienen sentimientos y nos quieren.

  20. Yo lloré con su historia me emocionó mucho y sentí mucha pena porque no todos valoramos a los perros fieles como Hachiko y él nos enseñó a querer y decirle a todo el mundo que los animales también tienen sentimientos, amó a su amo y lo quiso mucho, sea cual sea su raza él aprendió a AMAR Y QUERER A LOS DEMÁS.

  21. Me encanta esta película: a pesar de que el dueño murió, el perro siguió ahí esperándolo. Cómo me encantaría conocer la estatua donde está fijado Hachiko y admirarlo porque en realidad era una gran mascota. Yo tenía un lobo siberiano y él era fiel con mi papá pero lamentablemente el fue el que murió, mi papá nunca lo ha olvidado y a pesar de que murió mi papá siempre lo recuerda y llora por él. Mi familia, osea mi papá, mi mamá y mis hermanos lloramos porque nos recuerda a él y a pesar de que hemos visto la película como 6 veces lloramos y cuando estaba Scotty osea mi perro, que era del porte de Hachiko, viendo la película con nosotros estaba llorando también, se subía a la cama y se ponía al lado de nosotros, mejor de mi padre.

  22. Tengo 12 años, me llamo Charles, a mi también esta película, me hizo llorar. Soy su admirador de este perro, su historia nos dice que no debemos olvidar a un ser amado pase lo que pase.

  23. Igual que a los demás esta película me conmovió el corazón, un perro fiel que esperó el regreso de su amo fallecido.

  24. Yo tengo un coker y cuando vi la película me emocione tanto que le puse así, Hachi. Nos enseña que debemos cuidar a nuestras mascotas *-*

  25. Me encantó esta película, yo tengo un perro afgano y mi hija Marifer un maltés y cuando terminó la película abrazamos a nuestros perros y lloramos. Cada vez que me acuerdo lloro y amo más a mis perros y espero tener más…

  26. A mí también me encantó esta peli, me pareció muy hermosa, mi mamá acaba de comentar este documento. Tenemos un perro afgano y un maltés, yo ya me encariñé con un perro que vive fuera de mi casa. Mi mamá y yo le damos de comer y tratamos con él a diario, en la mañana, tarde y noche voy a verlo para darle cariño. Ya lo nombré: Szandor. Ahora no sólo tengo dos, Pucca y Danna. Espero llegar a ser médico veterinario zootecnista.

  27. Es muy bonita la película, la primera ves que la vi lloré, ya que Hachiko fue un perro muy hermoso y fiel a su dueño y seré recordado siempre.

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